sábado, 14 de abril de 2012

Amígdalas y ronquidos

Un motivo de consulta muy frecuente por parte de padres de niños de entre uno y ocho años de edad es su preocupación por un tamaño anormalmente elevado de las amígdalas palatinas (“anginas”) de su hijo. De hecho, aunque hoy las indicaciones para extirpar las anginas (amigdalectomía) son muy específicas y son minoría los pacientes que terminan operándose, muchos padres los traen para que les operemos, únicamente porque “tienen las anginas grandes”.
Ya desde ahora hay que dejar claro que el tamaño de las anginas, de por sí, no es indicación de cirugía. Por tanto, si el paciente está completamente asintomático (es decir, no padece ningún otro tipo de patología, como infecciones, catarros, ronquidos persistentes con paradas repiratorias mientras duerme…), por muy grande que sean sus anginas no hay ninguna necesidad de intervenirle quirúrgicamente.
Si el niño sufre infecciones amigdalares (amigdalitis) de repetición, retraso en el desarrollo corporal, malnutrición…, además de roncopatía severa con paradas respiratorias (sleep-apnea), entonces sí que hay que valorar cada paciente en particular para ver si es candidato a cirugía. Para ello se deben realizar unos análisis de sangre (pruebas reumáticas) en los que mediremos unas proteínas cuyo valor aumenta ante situaciones de infecciones repetidas (amigdalares o de cualquier otra parte del organismo). Si estos valores están elevados, entonces hay riesgo de que el paciente desarrolle al cabo de 15-20 años infecciones en otras partes del cuerpo (corazón, riñones, columna vertebral), por lo que lo correcto en estos casos es intervenir al paciente.
Unicamente hay una situación en la que el paciente debe ser intervenido (amigdalectomía) sin que haya una historia previa de infecciones. Esta situación se produce cuando el paciente ronca por las noches y además hace largas paradas respiratorias. Por lo general, son los padres los que lo comentan al médico, sin necesidad de que éste lo pregunte, pues estas paradas respiratorias son muy llamativas y además el paciente suele presentar síntomas de mal descanso nocturno (somnolencia diurna, déficit de atención, bajo rendimiento escolar…). En esta situación sí que está indicado extirpar las amígdalas, para evitar posibles complicaciones  graves (paradas cardiacas, hipertensión pulmonar…), independientemente de que el paciente presente otros síntomas.
Por último, hay que señalar que siempre que nos planteemos extirpar las amígdalas también hay que valorar si además se deben extirpar las vegetaciones (adenoidectomía) en el mismo acto quirúrgico, pues no pocas veces suelen estar ambas aumentadas de tamaño, amígdalas y vegetaciones. Para ello hay que valorar otros síntomas y signos que de los que ya hemos hablado en el artículo titulado “Las famosas vegetaciones”.

Sequedad nasal

Una causa cada vez más frecuente de consulta al especialista ORL es la rinitis crónica seca, cuyo principal síntoma es la sensación persistente de sequedad nasal. Los pacientes acuden buscando consejo ante molestias de meses o años de evolución derivadas de esta sensación de sequedad, tales como hemorragias nasales (denominadas epistaxis), dificultad para respirar por la nariz, mal olor nasal (debido al acúmulo de secreciones nasales secas)…
Las causas son muy variadas,siendo con probabilidad la más habitual el uso crónico de sprays nasales. De éstos, los más populares son los descongestionantes nasales con potentes vasoconstrictores, del tipo oximetazolina (ampliamente usados para tratar catarros comunes), aunque también los corticoides nasales, a los que ya nos hemos referido en otro artículo, producen sequedad nasal. Otro motivo de sequedad nasal, en aumento debido al incremento de la patología responsable, es la producida por el uso de mascarilla (CPAP: Continuous Positive Airway Pressure) en pacientes con problema de roncopatía. A pesar de que estas mascarillas hoy en día están muy perfeccionadas y disponen de un sistema de humidificación del aire, aún son numerosos los pacientes que sufren las consecuencias de la sequedad nasal debida a estos dispositivos. También la contaminación (principalmente en grandes ciudades de climas secos), así como agentes del entorno laboral (productos químicos usados en la industria, serrín de carpinterías, barnices, humo de cocinas…)están aumentando su incidencia. Otro motivo cuya incidencia va en aumento es haber padecido una cirugía nasal previa, sobre todo desde que se popularizó el uso de terminales de radiofrecuencia, empleados principalmente para realizar cirugía menor de los cornetes nasales.
Otro motivo de sequedad nasal crónica, muy importante tanto por su frecuencia como por su repercusión en la salud general del paciente, es el consumo de drogas inhaladas, siendo la más popular la cocaína. Esta droga es especialmente peligrosa por varios motivos. El más importante, que comentaremos superficialmente, pues no es el obetivo de este artículo, es su repercusión tanto a corto como a largo plazo sobre la salud general del paciente, llegando a producir infartos (tanto cardiacos como cerebrales), trombosis, paranoias, alucinaciones, depresión, ansiedad, agresividad, impotencia, alteraciones menstruales, infertilidad… A nivel nasal, el primer síntoma que produce es una leve y pasajera sensación de sequedad nasal, por lo que el paciente tarda en acudir al especialista ORL una media de 7-10 años desde el inicio del consumo de cocaína. Con el paso de los años, se producen otros efectos más serios, como hemorragias nasales y perforación del tabique nasal.
Es de sentido común que, salvo la perforación del tabique nasal (que tiene muy mala solución, pues la cirugía no suele solucionar el problema en prácticamente ninguno de los pacientes), la forma de curar (aunque no al 100%, sí en gran medida) esta rinitis crónica seca es dejar de exponerse al agente causal y corregir otros factores asociados (déficits de vitaminas, problemas en el sistema inmunitario…).
Conviene señalar un aspecto preocupante. Como ya he comentado, los pacientes cocainómanos que acuden al otorrino lo suelen hacer al cabo de 7 ó 10 años de haber iniciado el consumo de dicha droga. Sin embargo, es curioso que la gran mayoría de ellos no dan importancia a su adicción, es más, lo consideran algo que “tienen controlado”, que “lo dejan cuando quieren”, “únicamente consumo los fines de semana”, etc, cuando la preocupante realidad es que se trata de una adicción a una droga peligrosa, con efectos muy perjudiciales e irreversibles sobre su salud. En realidad no lo tienen controlado, pues son muy pocos (y los que lo consiguen, al cabo de un tiempo vuelven a retomar el consumo) los que logran evitar consumir cocaína de forma regular.
Para finalizar, como ya he comentado, el tratamiento de la rinitis crónica seca se ha de fundamentar en evitar los agentes responsables y en tratar las causas asociadas (déficits de vitaminas, enfermedades generales, procesos alérgicos), además de aplicar medidas locales para tratar de hidratar la mucosa nasal (lavados con agua salina, vahos con productos mentolados, cremas hidratantes…).

martes, 24 de noviembre de 2009

Corticoides nasales

En esta ocasión vamos a alterar un poco el orden que tenemos previsto para ir publicando los artículos, pues una de las cuestiones que con más frecuencia nos plantean tanto los lectores de este blog como los pacientes en nuestras consultas es la posibilidad de efectos secundarios propios de los corticoides, tras su uso prolongado en forma de spray nasal. Por ello,vamos a dedicar el artículo de hoy a aclarar conceptos básicos acerca de los corticoides nasales.
Los corticoides (también llamados esteroides) son los antiinflamatorios más potentes de los que disponemos en la actualidad. Se trata de lo que la población no médica conoce como “cortisona”. Al tener un efecto muy general, antiinflamatorio, se usan en multitud de situaciones en las que se produce inflamación en cualquier sistema o aparato.
Por lo general, la gente tiene pánico a que le digan que “le van a dar cortisona”. Este “miedo a la cortisona”, en otorrinolaringología, está justificado en muy pocas ocasiones, pues la mayoría de las veces se trata de tratamientos de corta duración, si bien es cierto que a dosis elevadas, en los que no da tiempo a que se produzcan sus temidos efectos secundarios (obesidad, alteración del metabolismo de la glucosa, alteraciones gástricas, dermatológicas…). Suelen ser situaciones de riesgo vital para el paciente, de las que la más frecuente es cuando se produce inflamación a nivel laríngeo, en las cuerdas vocales, en cuyo caso hay que administrar dosis muy elevadas de corticoides pero durante periodos de tiempo cortos (pacientes con una reacción alérgica, un cuerpo extraño faringolaríngeo,…), hasta que se solucione la causa principal de esa inflamación.
Sin embargo, también hay patologías en las que es necesario administrar corticoides durante periodos de tiempo prolongados, de forma sistémica (oral, intramuscular, intravenosa) o tópica,de las que la más habitual en otorrinolaringología es la administración intranasal.
Los corticoides nasales constituyen posiblemente el tratamiento más frecuente pautado por un otorrino en su práctica diaria. En primer lugar, debe quedar muy claro que se trata de un tratamiento seguro cuyos efectos secundarios se manifiestan casi exclusivamente a nivel local, en la mucosa nasal (principalmente sequedad nasal), y cuando el tratamiento es especialmente prolongado (meses). La indicación más frecuente,con diferencia, es la rinitis alérgica, así como sus “complicaciones”: sinusitis, poliposis nasal, otitis serosa (acúmulo de mucosidad en el oído medio), faringitis (debida a la “caída” de secreciones por detrás de la nariz hacia la garganta), hiposmia (disminución del olfato)… Como antiinflamatorios que son, actúan disminuyendo esa inflamación y por tanto favoreciendo la ventilación de nariz y senos paranasales, así como el drenaje y la expulsión de secreciones a dicho nivel, no constituyendo en sí mismos un tratamiento curativo sino, debido a los efectos que acabo de comentar, ayudando a que actúen los fármacos específicos para cada patología en particular.
Como siempre en medicina, hay que tener en cuenta la particularidad de los tratamientos en los niños. Si leemos el prospecto de estos medicamentos veremos que nos comentan que no deben ser usados en niños menores de seis años de edad, así como la necesidad de hacer un seguimiento del crecimiento, pues sí que es cierto que pueden producir retraso en el desarrollo psicomotor. Sin embargo, los corticoides nasales se han mostrado efectivos para reducir el tamaño del tejido adenoideo (“vegetaciones”) y por tanto “aguantar” sin operar al crío hasta que dicho tejido disminuya de tamaño de forma espontánea a partir de los 7-8 años de edad, sin que se hayan objetivado alteraciones en el desarrollo de esos niños.
Por tanto, y como conclusión, los corticoides nasales son con toda probabilidad el tratamiento más frecuentemente pautado por los otorrinos en su práctica diaria. Constituyen un tratamiento seguro a pesar de las dosis elevadas que en ocasiones nos vemos obligados a administrar, siendo muy bajo el riesgo de efectos secundarios en las personas que no tienen otros problemas asociados.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El "zumbido" de oídos

Los ruidos que percibimos espontáneamente sin una fuente sonora evidente a nivel del oído o “dentro de la cabeza” y que definimos como “zumbidos” o “pitidos” se denominan ACÚFENOS. Se trata de una situación muy frecuente y que muchas veces no se consulta. De hecho se calcula que un 10% de la población en los países industrializados ha experimentado una sensación de sonido superior a cinco minutos; De ellos, entre un 1% y un 2% presentan un acufeno de grado moderado o grave que afecta a la vida ordinaria.
Distinguimos dos grandes grupos de acúfenos: Por una parte están los sonidos producidos por nuestro propio cuerpo, como el latido cardiaco, que pueden ser percibidos por un explorador. En este caso percibiremos un sonido sincrónico con el latido del corazón que aumenta su frecuencia al hacer ejercicio o con los esfuerzos. Otras veces podemos percibir un sonido similar al tecleo de una máquina de escribir que es debido a la contracción rítmica de determinados músculos del oído. Tanto en un caso como en el otro es necesaria la evaluación por un especialista en otorrinolaringología, ya que en la mayoría de los casos serán precisas pruebas radiológicas (habitualmente resonancia o angio-resonancia y Eco-Doppler) y analíticas para descartar problemas vasculares o del sistema nervioso central. Causas frecuentes de acufeno pulsátil son la anemia, el embarazo y el hipertiroidismo, situaciones todas ellas fácilmente diagnosticables mediante análisis sanguíneo.
El otro gran grupo de acúfenos son aquellos que se producen sin una fuente sonora evidente. La mayoría de ellos tienen relación con lesiones que se producen en las neuronas del oído interno (el caracol) aunque es en la vía que va del oído al cerebro donde se genera el ruido como reacción a dicha lesión. Un factor de riesgo importante es la exposición a ruido externo intenso. Otras posibles causas de lesión a nivel del oído interno son las otitis, la supuración crónica del oído, la cirugía previa de oído, infecciones por determinados virus (como el del Sarampión) o bacterias y muy frecuentemente la ingestión de determinados fármacos que son perjudiciales para el oído (los más frecuentes son el ácido acetilsalicilico y algunos diuréticos). El estrés puede ser el detonante de un acufeno sobre todo si ya existía una alteración previa del oído interno. Las alteraciones cervicales (artrosis y contracturas) y los traumatismos craneales pueden ser otra causa de acufeno. La pérdida de audición asociada a la vejez puede cursar con acúfenos y también determinadas enfermedades del oído interno como la otosclerosis o la enfermedad de Meniere. Una causa infrecuente pero que debe ser tenida en cuenta es el neurinoma del nervio acústico, un tumor benigno que se aloja en la base del cráneo.
En cualquier caso el diagnóstico debe ser realizado por un especialista en otorrinolaringología, siendo en algunos casos necesario la realización de un TAC (scanner) o resonancia para completar el estudio.
El tratamiento más eficaz es la prevención, evitando ambientes excesivamente ruidosos, el uso continuado de mp3, la protección auditiva en el trabajo, realizando un tratamiento precoz de las otitis, etc… . En cuanto a los fármacos disponibles para el tratamiento de los acúfenos los resultados de los distintos estudios son muy variables. Parece ser que los medicamentos que mejores resultados obtienen son los antidepresivos tricíclicos y algunas benzodiacepinas como el alprazolam. En ambos casos el fármaco debe ser prescrito por un médico que controlará los posibles efectos secundarios. La Terapia de re-entrenamiento (TRT) mediante generadores de ruido parece una buena solución para un determinado grupo de pacientes. En los pacientes con una pérdida auditiva importante por la edad resulta eficaz la adaptación de prótesis auditivas (audífonos) que incrementarán la percepción del sonido ambiental reduciendo la percepción del acufeno.
En la mayoría de los casos los “zumbidos” en los oídos son causados por patologías benignas (incluso el cerumen puede producir acúfenos) y terminan desapareciendo con o sin tratamiento. Es importante no obsesionarse con el ruido y acudir al médico lo antes posible para despejar nuestras dudas.

jueves, 22 de octubre de 2009

Sordera de los mayores:presbiacusia.

El motivo más frecuente de consulta al otorrino por parte de las personas de avanzada edad es la pérdida de audición (hipoacusia), que a partir de los 60 años se denomina presbiacusia.
Si bien es cierto que muchas de estas presbiacusias mejoran notablemente tras extraer cerumen de los oídos, no siempre es así, por lo que entonces se nos plantea hacer un pequeño diagnóstico diferencial (deducir el diagnóstico correcto de entre varios posibles) para intentar encontrar el motivo de la sordera del paciente, antes de llegar a la conclusión de que “es debida a la edad”. De todas formas hemos de tener claro, y explicárselo así al paciente, que la presbiacusia suele ser la consecuencia de múltiples factores. Es decir, aunque encontremos un motivo que nos parezca que es la principal causa de la sordera del paciente, siempre habrá otras causas menos evidentes pero no por ello menos importantes. Por tanto, una vez más el médico debe desempeñar un papel de detective lo más exhaustivo posible.
Una vez hecha una exploración otorrinolaringológica (ORL) completa al paciente, y descartado causas relacionadas con la especialidad, debemos hacer un interrogatorio (los médicos lo llamamos anamnesis) exhaustivo acerca de enfermedades generales (diabetes mellitus, hipertensión arterial, arteriosclerosis, procesos neoplásicos…) y tratamientos que haya realizado, asi como fármacos (diuréticos, analgésicos, antineoplásicos…)que el paciente esté consumiendo en la actualidad, además de sus hábitos tóxicos (consumo de tabaco, alcohol, drogas, hábitos alimentarios…). También hay que recordarle enfermedades que padeció hace años, pues no debemos olvidar que estamos ante pacientes de avanzada edad que ya hayan olvidado algún proceso que padeció hace muchos años y que puede haber sido el desencadenante del inicio de una sordera progresiva. En este último tema tienen especial relevancia las enfermedades infecciosas, no solo por el proceso infeccioso en sí, sino también por su tratamiento, pues muchos antibióticos pueden producir sordera irreversible, siendo el caso más frecuente en nuestro país la estreptomicina, usada antiguamente como tratamiento de la tuberculosis.
En cuanto al alcohol, si bien es cierto que éste es ototóxico, he de comentar que los otorrinos estamos empezando a ver sorderas precoces (en este caso no se trata de presbiacusias) en adultos jóvenes (30-40 años de edad), relacionadas principalmente con el consumo habitual de “gin tonic”, no por la ginebra, sino por la tónica, pues esta última contiene quinina, que es un potente agente ototóxico. Otro motivo de sordera en personas jóvenes es la exposición a ruidos intensos (discotecas, uso de auriculares para escuchar música…)
Otro aspecto que debemos recordar al paciente son posibles cirugías, sobre todo con anestesia general, pues es frecuente ver pacientes cuya sordera comenzó tras una cirugía que no tiene nada que ver con el área ORL. En estos casos la pérdida de audición se puede deber tanto a la medicación asociada a dicha cirugía(principalmente relacionada con la anestesia)como a un proceso autoinmune (el organismo reacciona contra él mismo) desencadenado también por el proceso quirúrgico. Tampoco debemos olvidar preguntarle acerca de su entorno laboral (aunque ya esté retirado), pues la exposición prolongada a ruidos (no necesariamente tiene que ser un ruido intenso) es uno de los principales motivos de sordera, además de su exposición laboral a agentes ototóxicos (productos químicos usados en barnices, joyería, informática, industria solar, textil…) así como indagar acerca de su historia familiar, es decir, si hay o hubo alguien en su familia con problemas de audición.
De todas formas, y para terminar, volvemos al inicio de este artículo, pues la mayoría de las veces estas sorderas se alivian en gran medida retirando grandes tapones de cerumen de los oídos, ya que lo habitual es que estemos ante pacientes de edad avanzada que no hayan acudido nunca a un otorrino. Si a pesar de extraer dicho cerumen el paciente se sigue sintiendo limitado en su vida cotidiana en cuanto a su audición, entonces es el momento de plantearnos ayudas, principalmente el uso de prótesis auditivas (audífonos), pues en la presbiacusia lo que está deteriorado es el oído interno y para ello por desgracia no disponemos de tratamiento (médico ni quirúrgico) efectivo.

lunes, 15 de junio de 2009

Las famosas "vegetaciones"

Utilizamos la palabra “vegetaciones” en el lenguaje popular para referirnos a las formaciones “carnosas” que crecen en el techo de la faringe, al fondo de las fosas nasales. El término médico utilizado para describir estas formaciones es Hipertrofia adenoidea, Adenoides o Adenoiditis.
Las vegetaciones alcanzan su mayor tamaño entre los 3 y los 6 años, coincidiendo con la maduración inmunológica del individuo y es a estas edades cuando el crecimiento excesivo de tejido en el techo de la faringe puede dar lugar a complicaciones que requieran tratamiento.
Por su localización pueden llegar a impedir una adecuada respiración nasal. El niño con vegetaciones grandes tiende a respirar con la boca abierta, babear y roncar por la noche, ronquido que se acompaña en los casos más severos de pausas respiratorias conocidas como “apneas”. Otro problema frecuente asociado con el aumento de tamaño de las vegetaciones es la otitis aguda de repetición y la otitis serosa o “moco en el oído”. Ello es debido a que las vegetaciones pueden obstruir en ocasiones la trompa de Eustaquio (una estructura que comunica la cavidad del oído y la faringe) impidiendo una adecuada ventilación del oído. Al localizarse al fondo de las fosas nasales pueden producir retención de moco en las mismas, favoreciendo e impidiendo la curación de enfermedades como la rinitis y sinusitis crónica. Finalmente, aunque de manera excepcional y en casos evolucionados (sobre todo cuando se asocian al aumento de tamaño de las anginas), la obstrucción nasal crónica y las apneas repetidas durante el sueño pueden dar lugar a hipertensión pulmonar y fallo cardiaco.
Aunque más raro, es posible el crecimiento de las vegetaciones en la edad adulta. Puede ocurrir en pacientes con una infección bacteriana crónica en las fosas nasales (sinusitis), en pacientes alérgicos y en enfermedades del sistema inmunológico como el Sida.
El diagnóstico de las vegetaciones se debe hacer en la consulta del otorrinolaringólogo, preferentemente por visualización directa de las mismas (mediante endoscopios de fibra óptica pediátricos). La radiografía puede ser útil (es el medio diagnóstico habitual en las consultas de pediatría), pero en ocasiones puede conducir a errores de apreciación.
La evolución del tratamiento en los últimos años ha dado un giro importante. Así, tradicionalmente, el aumento de tamaño de las vegetaciones conducía casi invariablemente al quirófano. Hoy en día hay estudios que demuestran que un porcentaje significativo de niños (hasta casi un 80%) puede evitar la cirugía con el uso de corticoides tópicos nasales durante un periodo variable de tiempo. Es habitual también la recomendación de hacer lavados nasales varias veces al día de forma crónica. En ocasiones, cuando las vegetaciones se asocian con sinusitis o rinitis crónica hay que añadir un antibiótico. Dicho tratamiento deberá ser pautado por un otorrinolaringólogo o pediatra que vigilará la evolución del proceso, ya que al menos un 20% de estos niños no se beneficiarán de dicho tratamiento y deberán pasar por el quirófano.
La cirugía de las vegetaciones no es muy agresiva y de hecho se realiza de manera ambulatoria en la mayoría de hospitales de nuestro país, aunque actualmente se prefiere la anestesia general a la local para minimizar el riesgo de aspiración de sangre a la traquea durante la intervención. La curación tras la adenoidectomía (así se denomina dicha intervención) es completa, siendo poco habitual que las vegetaciones crezcan de nuevo. Esto último ocurre más frecuentemente cuanto menor sea la edad a la que el niño se operó por primera vez.

domingo, 7 de junio de 2009

Vértigo, nociones básicas.

Una de las peores patologías esperadas por el otorrino en la consulta son los “mareos”, no porque sea una patología grave para el paciente, sino porque supone dedicarle mucho tiempo a preguntarle acerca de sus síntomas, circunstancias que los desencadenan, posibles enfermedades asociadas… además del trabajo propio de un otorrino,que en este caso debe ser aún más completo que en cualquier otra patología. En definitiva, que a los otorrinos nos da una “pereza” tremenda cuando alguien se sienta en frente de nosotros y nos dice “doctor, vengo porque me mareo”.
El tema de los mareos (vértigo a partir de ahora) daría como para escribir varios libros (de hecho existen tratados, con varios tomos, dedicados exclusivamente a esta patología), por lo que intentaré ser lo más breve posible, lo suficiente como para que alguien totalmente ajeno a la medicina consiga adquirir un conocimiento básico,y práctico, tras leer este artículo.
En primer lugar, y como concepto básico para iniciarnos en este mundo, debemos tener bien claro que el oído tiene dos funciones, no solamente la audición,sino también contribuir a mantener el equilibrio de una persona. De hecho, el equilibrio depende de varios sistemas del organismo además del oído, también de la vista (gracias a nuestros ojos) y del llamado sistema somatosensorial (conjunto de receptores situados en múltiples lugares de nuestra piel, articulaciones, columna vertebral… lo que depende principalmente del tacto). Cuando funcionan los tres sistemas no hay ningún problema, nos encontramos bien e incluso somos capaces de aprender nuevas “conductas” de equilibrio (cuando aprendemos a montar en bicicleta, esquiar,patinar, hacer surf, equitación…). Incluso cuando falla uno de los dos sistemas somos capaces de llevar una vida casi completamente normal, con algunas limitaciones, leves, pero aún en esta situación, con esfuerzo y la motivación adecuada, también seríamos capaces de desarrollar actividades más “elaboradas” como las que comenté previamente (ciclismo, esquiar…). El problema, y no leve precisamente, se produce cuando fallan dos de los tres sistemas. Aquí es cuando se produce el caos, que puede ser desde una moderada inestabilidad hasta un vértigo muy intenso que el paciente describe como “horroroso”, con síntomas tan variados como sensación de que todo le da vueltas, vómitos, palpitaciones, ruidos en los oídos, sensación de caerse… También, y además es lo más frecuente, se pueden producir multitud de situaciones intermedias entre las dos que acabo de describir, por lo que es muy habitual que, cuando alguien sufre un episodio de vértigo en la calle, la gente de alrededor no solamente no le ayudan, sino que además le recriminan (“qué vergüenza, borracho a estas horas del día…”, en fin, esas cosas).
Otro concepto que es importante dejar bien claro es que lo que he descrito en el párrafo anterior, a pesar de ser muy espectacular y tremendamente molesto para el paciente, únicamente sería grave si estas “crisis” sorprenden al paciente realizando alguna actividad que de por sí pudiera ser peligrosa, como conducir, hacer escalada, esquiar,patinar, algún tipo de trabajo manual de riesgo (carpintería, metalurgia…). Es decir,salvo que estos vértigos sean debidos a otras patologías graves (por ejemplo un tumor), que afortunadamente son poco frecuentes, no revisten ninguna gravedad para el paciente, y además por lo general suelen ser muy agradecidos al tratamiento.