martes, 24 de noviembre de 2009

Corticoides nasales

En esta ocasión vamos a alterar un poco el orden que tenemos previsto para ir publicando los artículos, pues una de las cuestiones que con más frecuencia nos plantean tanto los lectores de este blog como los pacientes en nuestras consultas es la posibilidad de efectos secundarios propios de los corticoides, tras su uso prolongado en forma de spray nasal. Por ello,vamos a dedicar el artículo de hoy a aclarar conceptos básicos acerca de los corticoides nasales.
Los corticoides (también llamados esteroides) son los antiinflamatorios más potentes de los que disponemos en la actualidad. Se trata de lo que la población no médica conoce como “cortisona”. Al tener un efecto muy general, antiinflamatorio, se usan en multitud de situaciones en las que se produce inflamación en cualquier sistema o aparato.
Por lo general, la gente tiene pánico a que le digan que “le van a dar cortisona”. Este “miedo a la cortisona”, en otorrinolaringología, está justificado en muy pocas ocasiones, pues la mayoría de las veces se trata de tratamientos de corta duración, si bien es cierto que a dosis elevadas, en los que no da tiempo a que se produzcan sus temidos efectos secundarios (obesidad, alteración del metabolismo de la glucosa, alteraciones gástricas, dermatológicas…). Suelen ser situaciones de riesgo vital para el paciente, de las que la más frecuente es cuando se produce inflamación a nivel laríngeo, en las cuerdas vocales, en cuyo caso hay que administrar dosis muy elevadas de corticoides pero durante periodos de tiempo cortos (pacientes con una reacción alérgica, un cuerpo extraño faringolaríngeo,…), hasta que se solucione la causa principal de esa inflamación.
Sin embargo, también hay patologías en las que es necesario administrar corticoides durante periodos de tiempo prolongados, de forma sistémica (oral, intramuscular, intravenosa) o tópica,de las que la más habitual en otorrinolaringología es la administración intranasal.
Los corticoides nasales constituyen posiblemente el tratamiento más frecuente pautado por un otorrino en su práctica diaria. En primer lugar, debe quedar muy claro que se trata de un tratamiento seguro cuyos efectos secundarios se manifiestan casi exclusivamente a nivel local, en la mucosa nasal (principalmente sequedad nasal), y cuando el tratamiento es especialmente prolongado (meses). La indicación más frecuente,con diferencia, es la rinitis alérgica, así como sus “complicaciones”: sinusitis, poliposis nasal, otitis serosa (acúmulo de mucosidad en el oído medio), faringitis (debida a la “caída” de secreciones por detrás de la nariz hacia la garganta), hiposmia (disminución del olfato)… Como antiinflamatorios que son, actúan disminuyendo esa inflamación y por tanto favoreciendo la ventilación de nariz y senos paranasales, así como el drenaje y la expulsión de secreciones a dicho nivel, no constituyendo en sí mismos un tratamiento curativo sino, debido a los efectos que acabo de comentar, ayudando a que actúen los fármacos específicos para cada patología en particular.
Como siempre en medicina, hay que tener en cuenta la particularidad de los tratamientos en los niños. Si leemos el prospecto de estos medicamentos veremos que nos comentan que no deben ser usados en niños menores de seis años de edad, así como la necesidad de hacer un seguimiento del crecimiento, pues sí que es cierto que pueden producir retraso en el desarrollo psicomotor. Sin embargo, los corticoides nasales se han mostrado efectivos para reducir el tamaño del tejido adenoideo (“vegetaciones”) y por tanto “aguantar” sin operar al crío hasta que dicho tejido disminuya de tamaño de forma espontánea a partir de los 7-8 años de edad, sin que se hayan objetivado alteraciones en el desarrollo de esos niños.
Por tanto, y como conclusión, los corticoides nasales son con toda probabilidad el tratamiento más frecuentemente pautado por los otorrinos en su práctica diaria. Constituyen un tratamiento seguro a pesar de las dosis elevadas que en ocasiones nos vemos obligados a administrar, siendo muy bajo el riesgo de efectos secundarios en las personas que no tienen otros problemas asociados.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El "zumbido" de oídos

Los ruidos que percibimos espontáneamente sin una fuente sonora evidente a nivel del oído o “dentro de la cabeza” y que definimos como “zumbidos” o “pitidos” se denominan ACÚFENOS. Se trata de una situación muy frecuente y que muchas veces no se consulta. De hecho se calcula que un 10% de la población en los países industrializados ha experimentado una sensación de sonido superior a cinco minutos; De ellos, entre un 1% y un 2% presentan un acufeno de grado moderado o grave que afecta a la vida ordinaria.
Distinguimos dos grandes grupos de acúfenos: Por una parte están los sonidos producidos por nuestro propio cuerpo, como el latido cardiaco, que pueden ser percibidos por un explorador. En este caso percibiremos un sonido sincrónico con el latido del corazón que aumenta su frecuencia al hacer ejercicio o con los esfuerzos. Otras veces podemos percibir un sonido similar al tecleo de una máquina de escribir que es debido a la contracción rítmica de determinados músculos del oído. Tanto en un caso como en el otro es necesaria la evaluación por un especialista en otorrinolaringología, ya que en la mayoría de los casos serán precisas pruebas radiológicas (habitualmente resonancia o angio-resonancia y Eco-Doppler) y analíticas para descartar problemas vasculares o del sistema nervioso central. Causas frecuentes de acufeno pulsátil son la anemia, el embarazo y el hipertiroidismo, situaciones todas ellas fácilmente diagnosticables mediante análisis sanguíneo.
El otro gran grupo de acúfenos son aquellos que se producen sin una fuente sonora evidente. La mayoría de ellos tienen relación con lesiones que se producen en las neuronas del oído interno (el caracol) aunque es en la vía que va del oído al cerebro donde se genera el ruido como reacción a dicha lesión. Un factor de riesgo importante es la exposición a ruido externo intenso. Otras posibles causas de lesión a nivel del oído interno son las otitis, la supuración crónica del oído, la cirugía previa de oído, infecciones por determinados virus (como el del Sarampión) o bacterias y muy frecuentemente la ingestión de determinados fármacos que son perjudiciales para el oído (los más frecuentes son el ácido acetilsalicilico y algunos diuréticos). El estrés puede ser el detonante de un acufeno sobre todo si ya existía una alteración previa del oído interno. Las alteraciones cervicales (artrosis y contracturas) y los traumatismos craneales pueden ser otra causa de acufeno. La pérdida de audición asociada a la vejez puede cursar con acúfenos y también determinadas enfermedades del oído interno como la otosclerosis o la enfermedad de Meniere. Una causa infrecuente pero que debe ser tenida en cuenta es el neurinoma del nervio acústico, un tumor benigno que se aloja en la base del cráneo.
En cualquier caso el diagnóstico debe ser realizado por un especialista en otorrinolaringología, siendo en algunos casos necesario la realización de un TAC (scanner) o resonancia para completar el estudio.
El tratamiento más eficaz es la prevención, evitando ambientes excesivamente ruidosos, el uso continuado de mp3, la protección auditiva en el trabajo, realizando un tratamiento precoz de las otitis, etc… . En cuanto a los fármacos disponibles para el tratamiento de los acúfenos los resultados de los distintos estudios son muy variables. Parece ser que los medicamentos que mejores resultados obtienen son los antidepresivos tricíclicos y algunas benzodiacepinas como el alprazolam. En ambos casos el fármaco debe ser prescrito por un médico que controlará los posibles efectos secundarios. La Terapia de re-entrenamiento (TRT) mediante generadores de ruido parece una buena solución para un determinado grupo de pacientes. En los pacientes con una pérdida auditiva importante por la edad resulta eficaz la adaptación de prótesis auditivas (audífonos) que incrementarán la percepción del sonido ambiental reduciendo la percepción del acufeno.
En la mayoría de los casos los “zumbidos” en los oídos son causados por patologías benignas (incluso el cerumen puede producir acúfenos) y terminan desapareciendo con o sin tratamiento. Es importante no obsesionarse con el ruido y acudir al médico lo antes posible para despejar nuestras dudas.

jueves, 22 de octubre de 2009

Sordera de los mayores:presbiacusia.

El motivo más frecuente de consulta al otorrino por parte de las personas de avanzada edad es la pérdida de audición (hipoacusia), que a partir de los 60 años se denomina presbiacusia.
Si bien es cierto que muchas de estas presbiacusias mejoran notablemente tras extraer cerumen de los oídos, no siempre es así, por lo que entonces se nos plantea hacer un pequeño diagnóstico diferencial (deducir el diagnóstico correcto de entre varios posibles) para intentar encontrar el motivo de la sordera del paciente, antes de llegar a la conclusión de que “es debida a la edad”. De todas formas hemos de tener claro, y explicárselo así al paciente, que la presbiacusia suele ser la consecuencia de múltiples factores. Es decir, aunque encontremos un motivo que nos parezca que es la principal causa de la sordera del paciente, siempre habrá otras causas menos evidentes pero no por ello menos importantes. Por tanto, una vez más el médico debe desempeñar un papel de detective lo más exhaustivo posible.
Una vez hecha una exploración otorrinolaringológica (ORL) completa al paciente, y descartado causas relacionadas con la especialidad, debemos hacer un interrogatorio (los médicos lo llamamos anamnesis) exhaustivo acerca de enfermedades generales (diabetes mellitus, hipertensión arterial, arteriosclerosis, procesos neoplásicos…) y tratamientos que haya realizado, asi como fármacos (diuréticos, analgésicos, antineoplásicos…)que el paciente esté consumiendo en la actualidad, además de sus hábitos tóxicos (consumo de tabaco, alcohol, drogas, hábitos alimentarios…). También hay que recordarle enfermedades que padeció hace años, pues no debemos olvidar que estamos ante pacientes de avanzada edad que ya hayan olvidado algún proceso que padeció hace muchos años y que puede haber sido el desencadenante del inicio de una sordera progresiva. En este último tema tienen especial relevancia las enfermedades infecciosas, no solo por el proceso infeccioso en sí, sino también por su tratamiento, pues muchos antibióticos pueden producir sordera irreversible, siendo el caso más frecuente en nuestro país la estreptomicina, usada antiguamente como tratamiento de la tuberculosis.
En cuanto al alcohol, si bien es cierto que éste es ototóxico, he de comentar que los otorrinos estamos empezando a ver sorderas precoces (en este caso no se trata de presbiacusias) en adultos jóvenes (30-40 años de edad), relacionadas principalmente con el consumo habitual de “gin tonic”, no por la ginebra, sino por la tónica, pues esta última contiene quinina, que es un potente agente ototóxico. Otro motivo de sordera en personas jóvenes es la exposición a ruidos intensos (discotecas, uso de auriculares para escuchar música…)
Otro aspecto que debemos recordar al paciente son posibles cirugías, sobre todo con anestesia general, pues es frecuente ver pacientes cuya sordera comenzó tras una cirugía que no tiene nada que ver con el área ORL. En estos casos la pérdida de audición se puede deber tanto a la medicación asociada a dicha cirugía(principalmente relacionada con la anestesia)como a un proceso autoinmune (el organismo reacciona contra él mismo) desencadenado también por el proceso quirúrgico. Tampoco debemos olvidar preguntarle acerca de su entorno laboral (aunque ya esté retirado), pues la exposición prolongada a ruidos (no necesariamente tiene que ser un ruido intenso) es uno de los principales motivos de sordera, además de su exposición laboral a agentes ototóxicos (productos químicos usados en barnices, joyería, informática, industria solar, textil…) así como indagar acerca de su historia familiar, es decir, si hay o hubo alguien en su familia con problemas de audición.
De todas formas, y para terminar, volvemos al inicio de este artículo, pues la mayoría de las veces estas sorderas se alivian en gran medida retirando grandes tapones de cerumen de los oídos, ya que lo habitual es que estemos ante pacientes de edad avanzada que no hayan acudido nunca a un otorrino. Si a pesar de extraer dicho cerumen el paciente se sigue sintiendo limitado en su vida cotidiana en cuanto a su audición, entonces es el momento de plantearnos ayudas, principalmente el uso de prótesis auditivas (audífonos), pues en la presbiacusia lo que está deteriorado es el oído interno y para ello por desgracia no disponemos de tratamiento (médico ni quirúrgico) efectivo.

lunes, 15 de junio de 2009

Las famosas "vegetaciones"

Utilizamos la palabra “vegetaciones” en el lenguaje popular para referirnos a las formaciones “carnosas” que crecen en el techo de la faringe, al fondo de las fosas nasales. El término médico utilizado para describir estas formaciones es Hipertrofia adenoidea, Adenoides o Adenoiditis.
Las vegetaciones alcanzan su mayor tamaño entre los 3 y los 6 años, coincidiendo con la maduración inmunológica del individuo y es a estas edades cuando el crecimiento excesivo de tejido en el techo de la faringe puede dar lugar a complicaciones que requieran tratamiento.
Por su localización pueden llegar a impedir una adecuada respiración nasal. El niño con vegetaciones grandes tiende a respirar con la boca abierta, babear y roncar por la noche, ronquido que se acompaña en los casos más severos de pausas respiratorias conocidas como “apneas”. Otro problema frecuente asociado con el aumento de tamaño de las vegetaciones es la otitis aguda de repetición y la otitis serosa o “moco en el oído”. Ello es debido a que las vegetaciones pueden obstruir en ocasiones la trompa de Eustaquio (una estructura que comunica la cavidad del oído y la faringe) impidiendo una adecuada ventilación del oído. Al localizarse al fondo de las fosas nasales pueden producir retención de moco en las mismas, favoreciendo e impidiendo la curación de enfermedades como la rinitis y sinusitis crónica. Finalmente, aunque de manera excepcional y en casos evolucionados (sobre todo cuando se asocian al aumento de tamaño de las anginas), la obstrucción nasal crónica y las apneas repetidas durante el sueño pueden dar lugar a hipertensión pulmonar y fallo cardiaco.
Aunque más raro, es posible el crecimiento de las vegetaciones en la edad adulta. Puede ocurrir en pacientes con una infección bacteriana crónica en las fosas nasales (sinusitis), en pacientes alérgicos y en enfermedades del sistema inmunológico como el Sida.
El diagnóstico de las vegetaciones se debe hacer en la consulta del otorrinolaringólogo, preferentemente por visualización directa de las mismas (mediante endoscopios de fibra óptica pediátricos). La radiografía puede ser útil (es el medio diagnóstico habitual en las consultas de pediatría), pero en ocasiones puede conducir a errores de apreciación.
La evolución del tratamiento en los últimos años ha dado un giro importante. Así, tradicionalmente, el aumento de tamaño de las vegetaciones conducía casi invariablemente al quirófano. Hoy en día hay estudios que demuestran que un porcentaje significativo de niños (hasta casi un 80%) puede evitar la cirugía con el uso de corticoides tópicos nasales durante un periodo variable de tiempo. Es habitual también la recomendación de hacer lavados nasales varias veces al día de forma crónica. En ocasiones, cuando las vegetaciones se asocian con sinusitis o rinitis crónica hay que añadir un antibiótico. Dicho tratamiento deberá ser pautado por un otorrinolaringólogo o pediatra que vigilará la evolución del proceso, ya que al menos un 20% de estos niños no se beneficiarán de dicho tratamiento y deberán pasar por el quirófano.
La cirugía de las vegetaciones no es muy agresiva y de hecho se realiza de manera ambulatoria en la mayoría de hospitales de nuestro país, aunque actualmente se prefiere la anestesia general a la local para minimizar el riesgo de aspiración de sangre a la traquea durante la intervención. La curación tras la adenoidectomía (así se denomina dicha intervención) es completa, siendo poco habitual que las vegetaciones crezcan de nuevo. Esto último ocurre más frecuentemente cuanto menor sea la edad a la que el niño se operó por primera vez.

domingo, 7 de junio de 2009

Vértigo, nociones básicas.

Una de las peores patologías esperadas por el otorrino en la consulta son los “mareos”, no porque sea una patología grave para el paciente, sino porque supone dedicarle mucho tiempo a preguntarle acerca de sus síntomas, circunstancias que los desencadenan, posibles enfermedades asociadas… además del trabajo propio de un otorrino,que en este caso debe ser aún más completo que en cualquier otra patología. En definitiva, que a los otorrinos nos da una “pereza” tremenda cuando alguien se sienta en frente de nosotros y nos dice “doctor, vengo porque me mareo”.
El tema de los mareos (vértigo a partir de ahora) daría como para escribir varios libros (de hecho existen tratados, con varios tomos, dedicados exclusivamente a esta patología), por lo que intentaré ser lo más breve posible, lo suficiente como para que alguien totalmente ajeno a la medicina consiga adquirir un conocimiento básico,y práctico, tras leer este artículo.
En primer lugar, y como concepto básico para iniciarnos en este mundo, debemos tener bien claro que el oído tiene dos funciones, no solamente la audición,sino también contribuir a mantener el equilibrio de una persona. De hecho, el equilibrio depende de varios sistemas del organismo además del oído, también de la vista (gracias a nuestros ojos) y del llamado sistema somatosensorial (conjunto de receptores situados en múltiples lugares de nuestra piel, articulaciones, columna vertebral… lo que depende principalmente del tacto). Cuando funcionan los tres sistemas no hay ningún problema, nos encontramos bien e incluso somos capaces de aprender nuevas “conductas” de equilibrio (cuando aprendemos a montar en bicicleta, esquiar,patinar, hacer surf, equitación…). Incluso cuando falla uno de los dos sistemas somos capaces de llevar una vida casi completamente normal, con algunas limitaciones, leves, pero aún en esta situación, con esfuerzo y la motivación adecuada, también seríamos capaces de desarrollar actividades más “elaboradas” como las que comenté previamente (ciclismo, esquiar…). El problema, y no leve precisamente, se produce cuando fallan dos de los tres sistemas. Aquí es cuando se produce el caos, que puede ser desde una moderada inestabilidad hasta un vértigo muy intenso que el paciente describe como “horroroso”, con síntomas tan variados como sensación de que todo le da vueltas, vómitos, palpitaciones, ruidos en los oídos, sensación de caerse… También, y además es lo más frecuente, se pueden producir multitud de situaciones intermedias entre las dos que acabo de describir, por lo que es muy habitual que, cuando alguien sufre un episodio de vértigo en la calle, la gente de alrededor no solamente no le ayudan, sino que además le recriminan (“qué vergüenza, borracho a estas horas del día…”, en fin, esas cosas).
Otro concepto que es importante dejar bien claro es que lo que he descrito en el párrafo anterior, a pesar de ser muy espectacular y tremendamente molesto para el paciente, únicamente sería grave si estas “crisis” sorprenden al paciente realizando alguna actividad que de por sí pudiera ser peligrosa, como conducir, hacer escalada, esquiar,patinar, algún tipo de trabajo manual de riesgo (carpintería, metalurgia…). Es decir,salvo que estos vértigos sean debidos a otras patologías graves (por ejemplo un tumor), que afortunadamente son poco frecuentes, no revisten ninguna gravedad para el paciente, y además por lo general suelen ser muy agradecidos al tratamiento.

Vértigo, tratamiento.

En cuanto al tratamiento del vértigo, como siempre en medicina, lo que hay que tratar es la causa, que es lo primero que hay que buscar, y es lo que comenté en el artículo anterior que nos da mucha pereza a los otorrinos, ya que además la mayoría de estos pacientes suelen ser personas mayores (aunque cada vez es más frecuente ver en la consulta a pacientes jóvenes con este problema). Hay que preguntar de todo al paciente acerca de su vida personal, laboral…buscando desencadenantes de sus episodios de vértigo, así como todo tipo de síntomas, por intrascendentes que nos parezcan, para sospechar la causa de dichos mareos. Por supuesto,después de este “interrogatorio” hay que hacer una exploración completa,tanto desde el punto de vista otorrinolaringológico como neurológico, principalmente para descartar síntomas o signos que puedan sugerir alguna patología grave (para ello se recurre en la mayoría de las ocasiones a realizar pruebas de imagen,como TAC o Resonancia Magnética Nuclear). Además,siempre se debe remitir al paciente al traumatólogo, rehabilitador…para descartar posibles patologías a nivel de la columna vertebral,sobre todo a nivel cervical (“vaya a que le miren las cervicales”).
Por supuesto, si se descubre la causa del vértigo, es obvio que lo primero que hay que hacer es tratarla (hipertensión arterial, arteriosclerosis, diabetes, tumores, enfermedades vasculares, artrosis cervical, contracturas…). Lo lógico será pensar que,una vez resuelta dicha causa el vértigo remitirá, pero desgraciadamente la medicina no es una ciencia exacta y precisamente en el tema que ahora nos ocupa (vértigos) es donde con mayor frecuencia esto se pone de manifiesto. Podemos curar al paciente de todos sus males y, sin embargo, en un número considerable de pacientes el vértigo no solamente no remite sino que además progresa y empeora. Es entonces en este momento cuando debemos abordar el tratamiento del vértigo en sí mismo, es decir, independientemente de otros factores causales en teoría resueltos (esto también es aplicable para cuando no se pueden solucionar esas otras causas). Para ello,es fundamental tener bien claro el concepto (aprovecho aquí para saludar a los otorrinos que-nos consta- nos leen) de que el tratamiento del vértigo no es correcto realizarlo con fármacos de gran potencia, sino con medicamentos de muy baja “potencia” y durante periodos de tiempo prolongados. No se trata (y éste es el concepto que hay que tener muy claro) de curar el vértigo, pues éste se debe a un proceso degenerativo del oído interno para el que por desgracia aún no tenemos tratamiento curativo, sino de esperar a que el cerebro del paciente se acostumbre a “funcionar” en esa nueva situación, con uno o los dos oídos dañados desde el punto de vista del equilibrio. Para ello lo correcto es, como ya he dicho, usar fármacos de muy baja potencia pero durante periodos de tiempo prolongados (habitualmente suele ser suficiente 6-8 meses), a la menor dosis posible que controle los síntomas “incómodos” para el paciente. Los medicamentos “potentes” los usaremos única y exclusivamente durante los episodios de vértigo intensos, y siempre durante el menor período de tiempo posible, pues si se abusa de ellos lo que haremos es retrasar la adaptación cerebral a esa nueva situación, además de provocar los efectos secundarios propios de esa medicación.
Hay una excepción a lo comentado en el párrafo anterior, y es un tipo de vértigo que tiene un nombre largo y “raro” pero, sin embargo, se trata de una patología relativamente simple y sencilla de solucionar. Se trata del llamado Vértigo Posicional Paroxístico Benigno. Es debido a que se producen unos depósitos de sales en unos canales diminutos del oído interno, que contienen unos líquidos. Estas “piedritas” se desplazan dentro de ese líquido cuando el paciente se mueve ( sobre todo en los movimientos de rotación) y desencadenan un vértigo muy característico, que dura muy poco tiempo (segundos) y la situación más habitual es al rotar el paciente sobre sí mismo, de lado, en la cama, para cambiar de posición y mirar hacia el lado opuesto. Su tratamiento es también muy sencillo y consiste en colocar al paciente en una camilla y realizar una serie de cambios posturales con el fin de desplazar esas “piedritas” hacia una zona de confluencia de los canales en la que, debido a su disposición, no se desplazarán con los movimientos habituales del paciente. A pesar de que este tipo de vértigo constituye entre el 20 y el 40 por ciento de los pacientes con problemas de equilibrio que vemos los otorrinos en nuestras consultas, su incidencia en la población general que acude por “mareos” es relativamente baja, por lo que en proporción son pocos los pacientes que se ven beneficiados por este tratamiento tan efectivo como sencillo.
Para terminar, deseo hacer hincapié en la importancia que tiene, en todos los pacientes con vértigo, hacer al menos una “serie” de masajes, ejercicios… a nivel de la columna cervical (siempre en manos de profesionales y cuando no haya otras patologías que lo contraindiquen) pues, aunque aparentemente no haya patología a ese nivel (descartada por el traumatólgo), sin embargo muchos de estos pacientes experimentan un gran alivio de sus síntomas de vértigo tras realizar este tipo de tratamientos.
Se podría escribir mucho más acerca del vértigo, pero ello excede el objetivo de este blog, que es acercar la otorrinolaringología básica a la población general de forma sencilla y amena.

lunes, 25 de mayo de 2009

Sinusitis agudas.

La complicación más frecuente de los catarros la constituyen, con diferencia, las sinusitis, que son especialmente agresivas en aquellos lugares con clima frío y húmedo.
Una sinusitis no es otra cosa que, como su propio nombre indica, una inflamación de los senos paranasales, siendo éstos unas cavidades que se encuentran en los huesos de la cara, cuya función es aligerar, ventilar, distribuir las líneas de fuerza…de los huesos faciales. Aunque siguen unos patrones anatómicos definidos, lo habitual es que su forma y distribución sean muy variables.
Siempre se ha considerado que la causa más frecuente de sinusitis es un catarro nasal vírico agudo mal curado que se sobreinfecta por bacterias, (este concepto está siendo objeto de revisión en el momento actual, debido al aumento de diagnósticos de pólipos nasales, de lo que hablaré en el siguiente párrafo). Esto es fácilmente identificable, pues los síntomas de sinusitis son muy característicos: secreciones nasales espesas y en ocasiones malolientes, dolor de cabeza localizado principalmente a nivel de la cara, sensación de “congestión” nasal y, aunque no siempre presentes, fiebre y malestar general. También hay que tener en cuenta que una sinusitis se puede presentar en forma de gastroenteritis, debido a que el paciente “traga” las secreciones que le caen por detrás de la nariz. Este mismo proceso se puede producir asimismo a raíz de una rinitis alérgica.
Otras causas menos habituales de sinusitis pueden ser pólipos nasales (como comenté previamente, éstos están aumentando mucho su frecuencia en la población, hasta el punto de que ya se empieza a hablar de clasificar las sinusitis en función de la presencia o ausencia de pólipos en la nariz, poniéndolos incluso por delante de las bacterias como causa principal) que obstruyen los orificios de drenaje de los senos paranasales, infecciones por hongos (esto es especialmente frecuente en pacientes con las defensas bajas, por tumores, enfermedades crónicas…), cuerpos extraños nasales (muy frecuentes en niños: gomas de borrar, trozos de lápiz, caramelos…), enfermedades que afectan a la mucosa nasal (fibrosis quística, disquinesia ciliar), contaminación atmosférica, etc.
La mayoría de las sinusitis se resuelven fácilmente con tratamiento antibiótico y antiinflamatorio, tanto tópico (spray nasal) como sistémico, lavados o vahos nasales, además de tratar las causas específicas, si las hubiera, comentadas en el párrafo anterior (especialmente los pólipos).
En cuanto a los antibióticos, es importante tener en cuenta que actualmente en los países desarrollados se está produciendo un sobreabuso de antibióticos sin necesidad, es decir, la gente consume antibióticos ante cualquier patología menor que no lo requiere (catarros, faringitis…) y además, por decirlo de alguna manera, de “gran potencia”, esto es, antibióticos que se deben usar como segunda o incluso tercera opción terapéutica y no como primera opción ante patologías “menores”. Todo esto ha dado lugar a que los médicos nos estamos enfrentando a severas resistencias bacterianas a los antibióticos y en ocasiones tenemos serios problemas para tratar simples sinusitis que, en condiciones normales, no deberían presentar mayor complicación que unas ligeras molestias para el paciente. Debido a lo que acabo de comentar, estas “sencillas” sinusitis en ocasiones se cronifican (una sinusitis se considera “crónica” cuando no se resuelve por completo al cabo de 12 semanas) y se complican por culpa de las resistencias bacterianas debidas a dicho abuso de antibióticos.
Como antiinflamatorio, lo habitual es que, para controlar los síntomas, sirva por ejemplo el ibuprofeno o alguno de sus derivados, así como esteroides tópicos.
Además de las medidas ya comentadas, siempre conviene reforzar el tratamiento con lavados nasales de agua salina o extractos de algas marinas, así como hacer vahos con productos mentolados, tanto para favorecer la expulsión de secreciones como para hidratar y regenerar la mucosa nasal dañada por este proceso.

lunes, 11 de mayo de 2009

La otitis del verano

Se acerca el buen tiempo y con él las visitas a la playa o la piscina. Una compañera “desagradable” de nuestras jornadas estivales puede ser la temida “otitis externa, del baño o de la piscina”, denominada así por ser éste el medio donde se desarrolla con más facilidad.
La piel del conducto auditivo es muy fina y contiene en su interior folículos pilosos (a la entrada del mismo), glándulas sebáceas y unas glándulas especializadas en la secreción de cerumen. La secreción de estas glándulas en combinación con la descamación habitual de la piel del conducto auditivo forma una película de cerumen (la famosa “cera” de los oídos) que tapiza las paredes del mismo. Esta película de cera supone la primera defensa de la piel del conducto auditivo frente a las infecciones. Por lo tanto, la cera de los oídos es beneficiosa ya que nos protege de las otitis externas. Un exceso de celo en la limpieza del oído y/o el uso de instrumental no adecuado para la extracción de la cera alterará esta película protectora y facilitará el crecimiento de los gérmenes en un ambiente húmedo y caluroso como es el de la piscina o la playa.
Hay algunas otras circunstancias que pueden predisponer al desarrollo de otitis con relativa frecuencia. Así, las otitis externas son más frecuentes en las personas con eczema (un tipo de dermatitis que cursa con picor, inflamación y descamación de la piel), en individuos con conductos auditivos especialmente estrechos y en diabéticos.
El síntoma fundamental de la otitis externa es el intenso dolor que impide al paciente incluso apoyar la cabeza en la almohada. A veces se asocia una secreción amarillenta y maloliente (que puede ser escasa) y sensación de taponamiento auditivo (debido a la inflamación de la piel del conducto, que puede incluso cerrarlo casi por completo). En esta situación el paciente deberá acudir rápidamente al médico, pues si no se trata adecuadamente la infección puede extenderse a toda la oreja, la cara e incluso el cuello. El tratamiento de la otitis externa consistirá en primer lugar en la aspiración de las secreciones del conducto (si no produce dolor) seguida de la aplicación de gotas de un antibiótico activo frente a Pseudomona, la bacteria más frecuentemente responsable de esta infección. El tratamiento con gotas debe prolongarse entre 7 y 10 días dependiendo de la severidad de la otitis. Los primeros días el paciente necesitará además analgésicos y antiinflamatorios que mitiguen el dolor. En ocasiones la inflamación del conducto es tal que impide la entrada de las gotas con antibiótico. En esos casos el otorrinolaringólogo introducirá en el conducto una especie de tapón hecho con un material poroso que se “hincha” al contacto con un medio líquido y que permitirá la instilación de las gotas y el contacto del antibiótico con todas las paredes del conducto auditivo hasta que disminuya la inflamación. Habitualmente no es necesario el uso de antibióticos por vía oral salvo en los casos más severos.

En conclusión, si quiere evitar las otitis este verano, olvídese de los bastoncillos para limpiar los oídos. Como higiene será suficiente si utiliza una gasa impregnada en agua oxigenada alrededor del conducto (nunca dentro del mismo).

viernes, 1 de mayo de 2009

Me han diagnosticado una faringitis crónica… ¿qué puedo hacer?

En primer lugar debe saber que el diagnóstico de faringitis crónica es un diagnóstico por exclusión. Con ello quiero decir que no se debe llegar al diagnóstico de faringitis crónica sin antes haber realizado una exploración otorrinolaringológica completa que descarte enfermedades más graves. Por lo tanto el diagnóstico de una faringitis crónica deberá ser realizado por un médico especialista en otorrinolaringología.

En realidad el diagnóstico de faringitis crónica engloba una serie de enfermedades con una sintomatología común, leve pero muy molesta, consistente en sensación de sequedad faríngea (en ocasiones todo lo contrario, una producción excesiva de moco), picor faríngeo, tos irritativa, necesidad de carraspeo frecuente y sensación de tener “algo” pegado en la garganta. Son frecuentes los episodios de ronquera en la voz (situación que alarma bastante a los pacientes) y la producción de un moco espeso y pegajoso que cuesta eliminar y que puede llegar a producir sensación de ahogo, nauseas e incluso vómitos. Como consecuencia del carraspeo frecuente ocasionalmente se pueden producir pequeños sangrados de la mucosa y emisión de sangre con la saliva. Una característica común en todos los casos es la evolución larvada de los síntomas durante meses o años y la exacerbación de los mismos durante los meses invernales.

¿Cuál es la causa de la faringitis crónica?

No hay una única causa, si no que múltiples circunstancias pueden derivar en una inflamación crónica de la mucosa faríngea y, a la larga, en cambios irreversibles de la misma. En la mayoría de los casos subyace una predisposición del paciente sobre la que influyen una serie de factores como son: el alcohol y el tabaco, la exposición a variaciones climáticas muy bruscas, el trabajo en sitios con aire acondicionado muy seco o con corrientes de aire y el uso crónico de algunos medicamentos (entre los que señalamos algunos antidepresivos de uso muy común que producen una disminución en la secreción de moco). Hay además algunas enfermedades que favorecen estos procesos. La amigdalitis crónica o recurrente, la sinusitis crónica y las alergias alimentarias o de otro tipo son ejemplos de ello. También son frecuentes las faringitis crónicas en personas con déficits vitamínicos (sobre todo de vitamina A), con hipotiroidismo, diabetes, y en las mujeres después de la menopausia. Algunas personas a quienes han extirpado las amígdalas desarrollan con los años una faringitis crónica por “hipertrofia” de la mucosa.

¿Cuál es el tratamiento de la faringitis crónica?

Actualmente no disponemos de ningún medicamento “milagro” para esta enfermedad. El tratamiento debe ir dirigido en primer lugar a eliminar las causas del problema si es posible (es decir, abandonar el tabaco y/o alcohol, evitar la exposición a ambientes con humo o polvo, aumentar la humedad del ambiente, tratar la sinusitis o amigdalitis crónica adecuadamente, aumentar el consumo de frutas y verduras en los déficits vitamínicos, etc…). En segundo lugar trataremos de aliviar los síntomas aumentando la ingestión de líquidos (los médicos recomendamos al menos 8 vasos de agua repartidos al día, es decir, unos 2 litros), haciendo lavados nasales con agua marina en spray, tomando mucolíticos en los casos en los que la secreción faríngea sea muy espesa, etc…. No recomiendo el uso de antihistamínicos en esta enfermedad (el uso de los mismos está muy extendido) salvo en los casos en los que la faringitis se relacione claramente con determinadas alergias, ya que éstos fármacos producen un espesamiento de las secreciones que puede empeorar el problema. Cuando se asocie un catarro de vías altas con dolor de garganta puede beneficiarse del uso de antiinflamatorios como el ibuprofeno, siempre por prescripción facultativa.

Si se siguen estas recomendaciones es habitual el alivio de los síntomas, aunque no debe esperarse una resolución completa de los mismos, ya que como hemos mencionado, en muchos casos las alteraciones de la mucosa son leves pero irreversibles.

En conclusión, recuerde que el diagnóstico para su problema de “garganta” debe ser realizado por un especialista. De ese modo ahuyentará el temido fantasma del “cáncer” (muchos pacientes con faringitis crónica viven angustiados por la posibilidad de que los síntomas que padecen sean debidos a un tumor) y siguiendo sus recomendaciones, contribuirá a mejorar su calidad de vida.

Doctor, me sangra la nariz (tratamiento).

En el artículo anterior hemos hablado acerca de los diversos motivos que pueden causar sangrado nasal (epistaxis).

Hoy daremos unos consejos básicos de tratamiento de las epistaxis. Antes de seguir tiene que quedar claro que estos consejos serán válidos únicamente para las episaxis leves, pues ante una hemorragia nasal severa lo que hay que hacer es trasladar al paciente al centro hospitalario más cercano para recibir monitorización y tratamiento especializado.

En primer lugar, y como consejo general y más importante, hay que tratar siempre de mantener la calma. La gran mayoría de las epistaxis leves ceden de forma espontánea al cabo de pocos segundos o minutos, siempre y cuando el paciente esté relajado y así su tensión arterial no se dispare. Este consejo también va dirigido a las personas que en ese momento se encuentren con el paciente, pues no es infrecuente ver al paciente tranquilo y sin embargo a sus familiares nerviosos, montando un "circo" alrededor de él, que para nada contribuye a mantener su tensión arterial dentro de límites normales. Hay que tener en cuenta que la visión de la sangre ya de por sí asusta, pues precisamente por eso hay que esforzarse en que el entorno del paciente sea lo más tranquilo posible. Conviene saber que pequeñas cantidades de sangre pueden manchar toallas, sábanas, ropa... sin que ello signifique que nos encontremos ante una hemorragia masiva que, dicho sea de paso,afortunadamente son muy poco frecuentes.

Una vez estemos todos relajados el siguiente paso es sentar al paciente. Es decir, el paciente debe estar sentado y con el tronco en vertical, nunca acostado, tumbado de lado, boca abajo... Hay que dejar que la sangre salga de la nariz por delante, para lo que pondremos un plato sopero, palangana, bolsa... en el que pueda caer la sangre y así no manche el suelo.Lo que hay que tratar de evitar es que la sangre vaya hacia detrás, lo que provocaría que el paciente la trague, favoreciendo así una posible gastroenteritis.

En cuanto tengamos al paciente sentado y, repito una vez más, relajado (él y su entorno) haremos que él mismo se aplique frío (en las farmacias venden unos apósitos especiales diseñados para esto, aunque sirve perfectamente una simple bolsa de plástico con hielo en su interior) en la raíz nasal, es decir, en la parte superior del dorso nasal, justo donde éste se une al entrecejo,aplicando presión en dicha zona. Si hay alguien acompañando al paciente, esta persona también le puede aplicar frío en la nuca.

La mayoría de las epistaxis remiten de forma espontánea al cabo de un rato con estas medidas que acabo de comentar y, repito una vez más, relajado y tranquilo. Sin embargo, si a pesar de esto al cabo de 10-15 minutos no ha remitido el sangrado,entonces sí es el momento de poner al paciente unos algodones en la nariz,sin introducirlos demasiado profundamente, y trasladar al paciente a un centro hospitalario.

miércoles, 22 de abril de 2009

Doctor, me sangra la nariz (causas)

El sangrado nasal, cuya denominación médica es epistaxis, es uno de los motivos de consulta más frecuente al otorrinolaringólogo. La mayoría de las veces los pacientes acuden sangrando por la nariz (epistaxis anterior) en cantidades pequeñas (que se ponen de manifiesto al sonarse, estornudar...), siendo por fortuna menos frecuentes las hemorragias abundantes.

La causa más frecuente de epistaxis, con diferencia, es el rascado crónico nasal. Esto puede sonar a broma, pero es así. !Cuantas veces vemos en la calle, coche, oficina, conduciendo...a personas rascándose la nariz! Pues es el motivo más frecuente de consulta al otorrino por sangrados nasales, si bien es cierto que la mayoría de estos pacientes son niños. Lo que no se debe hacer es plantearse este motivo con frivolidad, pues casi siempre suele haber otras causas que son las que llevan al paciente a rascarse la nariz con frecuencia. De estas otras causas, la más frecuente, además en la época del año en la que nos encontramos (primavera) es la rinitis alérgica.Al contrario de lo que pueda parecer por la abundancia de secreciones nasales, principalmente acuosas, que caracteriza a las rinitis alérgicas, esto mismo provoca en muchos pacientes un problema de sequedad nasal, por deshidratación, lo que unido al picor nasal producido por la alergia, lleva al paciente a meterse el dedo en la nariz y rascarse.

Otro motivo no menos frecuente de epistaxis lo constituye la desviación septal, es decir, la desviación del tabique nasal (tabique del interior de la nariz que la divide en dos partes, la fosa nasal dcha y la izda). Esto provoca que circule mayor cantidad de aire por una fosa nasal que por la otra, cuando lo correcto es que fuera el mismo caudal por ambas fosas, lo que también contribuye a producir sequedad nasal, picor... y el paciente se alivia rascándose.

Tampoco hay que olvidar la causa farmacológica, así como las drogas. Muchos fármacos producen como efecto secundario sequedad nasal (una vez más hay que recordar los sprays nasales, sobre todo los que contienen oximetazolina,ampliamente utilizados para aliviar los síntomas del catarro nasal común), pero también hay otros medicamentos que pueden favorecer los sangrados nasales, sin que produzcan sequedad nasal, por alteración de la coagulación sanguínea, siendo el más habitual la aspirina y otros antiinflamatorios, así como medicamentos propiamente anticoagulantes (principalmente para tratar problemas de corazón, vasos sanguíneos...). En cuanto a las drogas, la más frecuente en nuestro país es la cocaína inhalada.

Otras causas de epistaxis que no deben ser olvidadas son las inflamaciones nasales, que pueden ser de todo tipo, siendo las más frecuentes las sinusitis bacterianas, aunque también hay que preguntar al paciente si viajó recientemente a algún país tropical, pues están aumentando las infecciones por parásitos tropicales, infección que debe ser tenida en cuenta para instaurar un tratamiento específico.

Otras causas locales, afortunadamente poco frecuentes, son tumores, malformaciones vasculares, perforaciones de tabique nasal, granulomas...

En cuanto a las causas sistémicas, la más frecuente es la hipertensión arterial, por lo que una de las primeras medidas que se deben adoptar ante un paciente que sangra por la nariz es tomarle la tensión arterial, pues en muchas ocasiones basta con devolver sus valores a límites normales para que ceda la hemorragia. Otros motivos sistémicos son las alteraciones de la coagulación (cosumo prolongado de aspirina u otros antiinflamatorios, déficit de vitaminas, daño hepático por abuso de alcohol...) y las alteraciones vasculares (la más frecuente es la arteriosclerosis).

domingo, 19 de abril de 2009

Las alergias primaverales.

De todos es sabido que la llegada de la primavera supone el inicio de molestias para un sector muy amplio de la población, las llamadas alergias primaverales. Estas alergias se deben principalmente al incremento de pólenes en el aire, a los que hay que añadir otras causas que actúan durante todo el año (humos, detergentes, aditivos alimentarios...), sobre todo en los países desarrollados.

El principal motivo de consulta al otorrino en relación con las alergias son sobre todo los incómodos síntomas nasales que estas producen: estornudos, picor nasal, abundantes secreciones nasales (al principio suelen ser acuosas, pero es frecuente que al cabo de varios días se vuelvan espesas, indicativo del posible inicio de una sinusitis), además de síntomas de otros aparatos, tales como picor ocular, tos, lesiones cutáneas...

Una "alergia" no es otra cosa que una respuesta exagerada del organismo ante una causa determinada (esta causa se denomina alergeno). De esto podemos deducir con facilidad que son infinitos lo agentes que pueden provocarnos una reacción de este tipo, lo que también nos lleva a la conclusión de que el mejor tratamiento consistirá en evitar exponerse a dicha causa, lo que en ocasiones es factible (evitar determinado alimento, cambiar la almohada, la sábana, ropa...), pero sin embargo en otras circunstancias puede no ser tan fácil (alergenos en el ambiente de trabajo, en el hogar, en el coche, pólenes, contaminacion atmosférica...). Es en esta segunda situación, cuando no podemos evitar la exposición al alergeno, cuando tendremos que recurrir al tratamiento médico.

Antes de seguir es preciso dejar muy claro que nunca se debe dejar una alergia sin tratar, pues ante sucesivas exposiciones a los alergenos se pueden desencadenar reacciones de mayor intensidad que incluso podrían llegar a poner en peligro la vida del paciente (por afectación pulmonar, cardiaca...).Esto último es de gran importancia, ya que es frecuente ver llegar pacientes a la consulta con problemas respiratorios severos que podían haber sido evitados fácilmente con un sencillo tratamiento.

En cuanto al tratamiento, además de tratar de evitar en la medida de lo posible la exposición al alergeno, los principales fármacos de los que disponemos son los corticoides (la popular "cortisona", conocida y temida por la población no médica) y los antihistamínicos (fármacos muy específicos para las alergias).

Cuando la reacción alérgica es leve y localizada a nivel de órganos de la especialidad ORL (otorrinolaringología), en la mayoría de los casos es suficiente con administrar un corticoide tópico nasal ("spray" nasal) a bajas dosis durante un periodo de tiempo no muy prolongado (1-2 meses) para controlar los síntomas. Es importante destacar que los corticoides tópicos nasales se pueden usar sin ningún problema durante periodos de tiempo prolongados a bajas dosis, sin temor a que aparezcan sus temidos efectos secundarios (obesidad, alteración de la glucosa en sangre, alteraciones de la piel...). Lo correcto es usarlos durante periodos de tiempo continuados y prolongados, en lugar de hacerlo a demanda (hoy sí,mañana no... en función de la presencia y/o intensidad de los síntomas), así como, en el momento de suspender el tratamiento, hacerlo progresivamente, disminuyendo la dosis poco a poco,en lugar de hacerlo de forma brusca.

Si a pesar del tratamiento con corticoides tópicos persisten los síntomas nasales se puede añadir un antihistamínico. El uso de antihistamínicos en las reacciones alérgicas leves debe quedar relegado como segunda opción terapéutica pues suelen producir somnolencia como efecto secundario más frecuente, a pesar de que los de última generación han conseguido controlar este efecto secundario en gran medida, pero no por completo, por lo que se deben tomar por la noche en el momento de acostarse, y no durante el día, además de intentar evitar en la medida de lo posible realizar actividades que requieran una atención especial (conducir, trabajos de albañilería, carpintería, escalada...). Además, algunos antihistamínicos pueden espesar las secreciones nasales, por lo que es frecuente recibir pacientes en la consulta con sinusitis desencadenadas por el uso de antihistamínicos. Esto no quiere decir que no se deban usar este tipo de fármacos, sino que, en determinados pacientes y bajo determinadas circunstancias, son medicamentos muy útiles que pueden ser usados, pero siempre bajo supervisión médica y nunca por parte del paciente "según lo crea oportuno".

Otras opciones de tratamiento son las vacunas, muy eficaces pero por desgracia el porcentaje de pacientes con resultados positivos no es muy elevado. Previamente se realizan unas pruebas alérgicas y entonces se diseña la vacuna en función del resultado de dichas pruebas.

Ocasionalmente se pueden desencadenar reacciones alérgicas graves que incluso pueden llegar a comprometer la vida del paciente, tales como edema (inflamación) de cuerdas vocales, reacción anafiláctica (reacción alérgica generalizada, que puede conducir a un fallo sistémico)... Estas patologías, afortunadamente poco frecuentes, requieren tratamiento hospitalario especializado y no son objeto de este capítulo.

miércoles, 15 de abril de 2009

Bienvenidos a Otorrino Digital.

Desde Otorrino Digital damos la bienvenida a todas aquellas personas que se verán beneficiadas con la lectura de la información que se presenta en esta web, totalmente gratuita, acerca de la especialidad médica denominada Otorrinolaringología.

Dicha especialidad abarca, como su propio nombre indica, todas las patologías que se producen en las áreas anatómicas incluidas en garganta, nariz y oídos, así como el cuello en general y base de cráneo, sin olvidar aspectos básicos de cirugía plástica facial relacionados con dichas zonas.

El interés no es otro que tratar de acercar términos médicos, patologías, tratamientos... de esta especialidad a la población no médica, con el fin de facilitar su comprensión y además resolver de forma desinteresada todas aquellas cuestiones que nos sean planteadas, todo ello con un lenguaje coloquial, ameno y fácilmente comprensible.

Toda la información que se aporta en esta página web es proporcionada por médicos especialistas en otorrinolaringología, titulados, colegiados y miembros de diversas sociedades científicas relacionadas con la especialidad, tanto a nivel nacional como internacional.

Una vez más, bienvenidos a Otorrino Digital y deseamos con el mayor interés que esta página web se convierta en su referencia a la hora de encontrar la solución a todas sus dudas acerca de esta especialidad médica.