lunes, 25 de mayo de 2009

Sinusitis agudas.

La complicación más frecuente de los catarros la constituyen, con diferencia, las sinusitis, que son especialmente agresivas en aquellos lugares con clima frío y húmedo.
Una sinusitis no es otra cosa que, como su propio nombre indica, una inflamación de los senos paranasales, siendo éstos unas cavidades que se encuentran en los huesos de la cara, cuya función es aligerar, ventilar, distribuir las líneas de fuerza…de los huesos faciales. Aunque siguen unos patrones anatómicos definidos, lo habitual es que su forma y distribución sean muy variables.
Siempre se ha considerado que la causa más frecuente de sinusitis es un catarro nasal vírico agudo mal curado que se sobreinfecta por bacterias, (este concepto está siendo objeto de revisión en el momento actual, debido al aumento de diagnósticos de pólipos nasales, de lo que hablaré en el siguiente párrafo). Esto es fácilmente identificable, pues los síntomas de sinusitis son muy característicos: secreciones nasales espesas y en ocasiones malolientes, dolor de cabeza localizado principalmente a nivel de la cara, sensación de “congestión” nasal y, aunque no siempre presentes, fiebre y malestar general. También hay que tener en cuenta que una sinusitis se puede presentar en forma de gastroenteritis, debido a que el paciente “traga” las secreciones que le caen por detrás de la nariz. Este mismo proceso se puede producir asimismo a raíz de una rinitis alérgica.
Otras causas menos habituales de sinusitis pueden ser pólipos nasales (como comenté previamente, éstos están aumentando mucho su frecuencia en la población, hasta el punto de que ya se empieza a hablar de clasificar las sinusitis en función de la presencia o ausencia de pólipos en la nariz, poniéndolos incluso por delante de las bacterias como causa principal) que obstruyen los orificios de drenaje de los senos paranasales, infecciones por hongos (esto es especialmente frecuente en pacientes con las defensas bajas, por tumores, enfermedades crónicas…), cuerpos extraños nasales (muy frecuentes en niños: gomas de borrar, trozos de lápiz, caramelos…), enfermedades que afectan a la mucosa nasal (fibrosis quística, disquinesia ciliar), contaminación atmosférica, etc.
La mayoría de las sinusitis se resuelven fácilmente con tratamiento antibiótico y antiinflamatorio, tanto tópico (spray nasal) como sistémico, lavados o vahos nasales, además de tratar las causas específicas, si las hubiera, comentadas en el párrafo anterior (especialmente los pólipos).
En cuanto a los antibióticos, es importante tener en cuenta que actualmente en los países desarrollados se está produciendo un sobreabuso de antibióticos sin necesidad, es decir, la gente consume antibióticos ante cualquier patología menor que no lo requiere (catarros, faringitis…) y además, por decirlo de alguna manera, de “gran potencia”, esto es, antibióticos que se deben usar como segunda o incluso tercera opción terapéutica y no como primera opción ante patologías “menores”. Todo esto ha dado lugar a que los médicos nos estamos enfrentando a severas resistencias bacterianas a los antibióticos y en ocasiones tenemos serios problemas para tratar simples sinusitis que, en condiciones normales, no deberían presentar mayor complicación que unas ligeras molestias para el paciente. Debido a lo que acabo de comentar, estas “sencillas” sinusitis en ocasiones se cronifican (una sinusitis se considera “crónica” cuando no se resuelve por completo al cabo de 12 semanas) y se complican por culpa de las resistencias bacterianas debidas a dicho abuso de antibióticos.
Como antiinflamatorio, lo habitual es que, para controlar los síntomas, sirva por ejemplo el ibuprofeno o alguno de sus derivados, así como esteroides tópicos.
Además de las medidas ya comentadas, siempre conviene reforzar el tratamiento con lavados nasales de agua salina o extractos de algas marinas, así como hacer vahos con productos mentolados, tanto para favorecer la expulsión de secreciones como para hidratar y regenerar la mucosa nasal dañada por este proceso.

lunes, 11 de mayo de 2009

La otitis del verano

Se acerca el buen tiempo y con él las visitas a la playa o la piscina. Una compañera “desagradable” de nuestras jornadas estivales puede ser la temida “otitis externa, del baño o de la piscina”, denominada así por ser éste el medio donde se desarrolla con más facilidad.
La piel del conducto auditivo es muy fina y contiene en su interior folículos pilosos (a la entrada del mismo), glándulas sebáceas y unas glándulas especializadas en la secreción de cerumen. La secreción de estas glándulas en combinación con la descamación habitual de la piel del conducto auditivo forma una película de cerumen (la famosa “cera” de los oídos) que tapiza las paredes del mismo. Esta película de cera supone la primera defensa de la piel del conducto auditivo frente a las infecciones. Por lo tanto, la cera de los oídos es beneficiosa ya que nos protege de las otitis externas. Un exceso de celo en la limpieza del oído y/o el uso de instrumental no adecuado para la extracción de la cera alterará esta película protectora y facilitará el crecimiento de los gérmenes en un ambiente húmedo y caluroso como es el de la piscina o la playa.
Hay algunas otras circunstancias que pueden predisponer al desarrollo de otitis con relativa frecuencia. Así, las otitis externas son más frecuentes en las personas con eczema (un tipo de dermatitis que cursa con picor, inflamación y descamación de la piel), en individuos con conductos auditivos especialmente estrechos y en diabéticos.
El síntoma fundamental de la otitis externa es el intenso dolor que impide al paciente incluso apoyar la cabeza en la almohada. A veces se asocia una secreción amarillenta y maloliente (que puede ser escasa) y sensación de taponamiento auditivo (debido a la inflamación de la piel del conducto, que puede incluso cerrarlo casi por completo). En esta situación el paciente deberá acudir rápidamente al médico, pues si no se trata adecuadamente la infección puede extenderse a toda la oreja, la cara e incluso el cuello. El tratamiento de la otitis externa consistirá en primer lugar en la aspiración de las secreciones del conducto (si no produce dolor) seguida de la aplicación de gotas de un antibiótico activo frente a Pseudomona, la bacteria más frecuentemente responsable de esta infección. El tratamiento con gotas debe prolongarse entre 7 y 10 días dependiendo de la severidad de la otitis. Los primeros días el paciente necesitará además analgésicos y antiinflamatorios que mitiguen el dolor. En ocasiones la inflamación del conducto es tal que impide la entrada de las gotas con antibiótico. En esos casos el otorrinolaringólogo introducirá en el conducto una especie de tapón hecho con un material poroso que se “hincha” al contacto con un medio líquido y que permitirá la instilación de las gotas y el contacto del antibiótico con todas las paredes del conducto auditivo hasta que disminuya la inflamación. Habitualmente no es necesario el uso de antibióticos por vía oral salvo en los casos más severos.

En conclusión, si quiere evitar las otitis este verano, olvídese de los bastoncillos para limpiar los oídos. Como higiene será suficiente si utiliza una gasa impregnada en agua oxigenada alrededor del conducto (nunca dentro del mismo).

viernes, 1 de mayo de 2009

Me han diagnosticado una faringitis crónica… ¿qué puedo hacer?

En primer lugar debe saber que el diagnóstico de faringitis crónica es un diagnóstico por exclusión. Con ello quiero decir que no se debe llegar al diagnóstico de faringitis crónica sin antes haber realizado una exploración otorrinolaringológica completa que descarte enfermedades más graves. Por lo tanto el diagnóstico de una faringitis crónica deberá ser realizado por un médico especialista en otorrinolaringología.

En realidad el diagnóstico de faringitis crónica engloba una serie de enfermedades con una sintomatología común, leve pero muy molesta, consistente en sensación de sequedad faríngea (en ocasiones todo lo contrario, una producción excesiva de moco), picor faríngeo, tos irritativa, necesidad de carraspeo frecuente y sensación de tener “algo” pegado en la garganta. Son frecuentes los episodios de ronquera en la voz (situación que alarma bastante a los pacientes) y la producción de un moco espeso y pegajoso que cuesta eliminar y que puede llegar a producir sensación de ahogo, nauseas e incluso vómitos. Como consecuencia del carraspeo frecuente ocasionalmente se pueden producir pequeños sangrados de la mucosa y emisión de sangre con la saliva. Una característica común en todos los casos es la evolución larvada de los síntomas durante meses o años y la exacerbación de los mismos durante los meses invernales.

¿Cuál es la causa de la faringitis crónica?

No hay una única causa, si no que múltiples circunstancias pueden derivar en una inflamación crónica de la mucosa faríngea y, a la larga, en cambios irreversibles de la misma. En la mayoría de los casos subyace una predisposición del paciente sobre la que influyen una serie de factores como son: el alcohol y el tabaco, la exposición a variaciones climáticas muy bruscas, el trabajo en sitios con aire acondicionado muy seco o con corrientes de aire y el uso crónico de algunos medicamentos (entre los que señalamos algunos antidepresivos de uso muy común que producen una disminución en la secreción de moco). Hay además algunas enfermedades que favorecen estos procesos. La amigdalitis crónica o recurrente, la sinusitis crónica y las alergias alimentarias o de otro tipo son ejemplos de ello. También son frecuentes las faringitis crónicas en personas con déficits vitamínicos (sobre todo de vitamina A), con hipotiroidismo, diabetes, y en las mujeres después de la menopausia. Algunas personas a quienes han extirpado las amígdalas desarrollan con los años una faringitis crónica por “hipertrofia” de la mucosa.

¿Cuál es el tratamiento de la faringitis crónica?

Actualmente no disponemos de ningún medicamento “milagro” para esta enfermedad. El tratamiento debe ir dirigido en primer lugar a eliminar las causas del problema si es posible (es decir, abandonar el tabaco y/o alcohol, evitar la exposición a ambientes con humo o polvo, aumentar la humedad del ambiente, tratar la sinusitis o amigdalitis crónica adecuadamente, aumentar el consumo de frutas y verduras en los déficits vitamínicos, etc…). En segundo lugar trataremos de aliviar los síntomas aumentando la ingestión de líquidos (los médicos recomendamos al menos 8 vasos de agua repartidos al día, es decir, unos 2 litros), haciendo lavados nasales con agua marina en spray, tomando mucolíticos en los casos en los que la secreción faríngea sea muy espesa, etc…. No recomiendo el uso de antihistamínicos en esta enfermedad (el uso de los mismos está muy extendido) salvo en los casos en los que la faringitis se relacione claramente con determinadas alergias, ya que éstos fármacos producen un espesamiento de las secreciones que puede empeorar el problema. Cuando se asocie un catarro de vías altas con dolor de garganta puede beneficiarse del uso de antiinflamatorios como el ibuprofeno, siempre por prescripción facultativa.

Si se siguen estas recomendaciones es habitual el alivio de los síntomas, aunque no debe esperarse una resolución completa de los mismos, ya que como hemos mencionado, en muchos casos las alteraciones de la mucosa son leves pero irreversibles.

En conclusión, recuerde que el diagnóstico para su problema de “garganta” debe ser realizado por un especialista. De ese modo ahuyentará el temido fantasma del “cáncer” (muchos pacientes con faringitis crónica viven angustiados por la posibilidad de que los síntomas que padecen sean debidos a un tumor) y siguiendo sus recomendaciones, contribuirá a mejorar su calidad de vida.

Doctor, me sangra la nariz (tratamiento).

En el artículo anterior hemos hablado acerca de los diversos motivos que pueden causar sangrado nasal (epistaxis).

Hoy daremos unos consejos básicos de tratamiento de las epistaxis. Antes de seguir tiene que quedar claro que estos consejos serán válidos únicamente para las episaxis leves, pues ante una hemorragia nasal severa lo que hay que hacer es trasladar al paciente al centro hospitalario más cercano para recibir monitorización y tratamiento especializado.

En primer lugar, y como consejo general y más importante, hay que tratar siempre de mantener la calma. La gran mayoría de las epistaxis leves ceden de forma espontánea al cabo de pocos segundos o minutos, siempre y cuando el paciente esté relajado y así su tensión arterial no se dispare. Este consejo también va dirigido a las personas que en ese momento se encuentren con el paciente, pues no es infrecuente ver al paciente tranquilo y sin embargo a sus familiares nerviosos, montando un "circo" alrededor de él, que para nada contribuye a mantener su tensión arterial dentro de límites normales. Hay que tener en cuenta que la visión de la sangre ya de por sí asusta, pues precisamente por eso hay que esforzarse en que el entorno del paciente sea lo más tranquilo posible. Conviene saber que pequeñas cantidades de sangre pueden manchar toallas, sábanas, ropa... sin que ello signifique que nos encontremos ante una hemorragia masiva que, dicho sea de paso,afortunadamente son muy poco frecuentes.

Una vez estemos todos relajados el siguiente paso es sentar al paciente. Es decir, el paciente debe estar sentado y con el tronco en vertical, nunca acostado, tumbado de lado, boca abajo... Hay que dejar que la sangre salga de la nariz por delante, para lo que pondremos un plato sopero, palangana, bolsa... en el que pueda caer la sangre y así no manche el suelo.Lo que hay que tratar de evitar es que la sangre vaya hacia detrás, lo que provocaría que el paciente la trague, favoreciendo así una posible gastroenteritis.

En cuanto tengamos al paciente sentado y, repito una vez más, relajado (él y su entorno) haremos que él mismo se aplique frío (en las farmacias venden unos apósitos especiales diseñados para esto, aunque sirve perfectamente una simple bolsa de plástico con hielo en su interior) en la raíz nasal, es decir, en la parte superior del dorso nasal, justo donde éste se une al entrecejo,aplicando presión en dicha zona. Si hay alguien acompañando al paciente, esta persona también le puede aplicar frío en la nuca.

La mayoría de las epistaxis remiten de forma espontánea al cabo de un rato con estas medidas que acabo de comentar y, repito una vez más, relajado y tranquilo. Sin embargo, si a pesar de esto al cabo de 10-15 minutos no ha remitido el sangrado,entonces sí es el momento de poner al paciente unos algodones en la nariz,sin introducirlos demasiado profundamente, y trasladar al paciente a un centro hospitalario.