lunes, 11 de mayo de 2009

La otitis del verano

Se acerca el buen tiempo y con él las visitas a la playa o la piscina. Una compañera “desagradable” de nuestras jornadas estivales puede ser la temida “otitis externa, del baño o de la piscina”, denominada así por ser éste el medio donde se desarrolla con más facilidad.
La piel del conducto auditivo es muy fina y contiene en su interior folículos pilosos (a la entrada del mismo), glándulas sebáceas y unas glándulas especializadas en la secreción de cerumen. La secreción de estas glándulas en combinación con la descamación habitual de la piel del conducto auditivo forma una película de cerumen (la famosa “cera” de los oídos) que tapiza las paredes del mismo. Esta película de cera supone la primera defensa de la piel del conducto auditivo frente a las infecciones. Por lo tanto, la cera de los oídos es beneficiosa ya que nos protege de las otitis externas. Un exceso de celo en la limpieza del oído y/o el uso de instrumental no adecuado para la extracción de la cera alterará esta película protectora y facilitará el crecimiento de los gérmenes en un ambiente húmedo y caluroso como es el de la piscina o la playa.
Hay algunas otras circunstancias que pueden predisponer al desarrollo de otitis con relativa frecuencia. Así, las otitis externas son más frecuentes en las personas con eczema (un tipo de dermatitis que cursa con picor, inflamación y descamación de la piel), en individuos con conductos auditivos especialmente estrechos y en diabéticos.
El síntoma fundamental de la otitis externa es el intenso dolor que impide al paciente incluso apoyar la cabeza en la almohada. A veces se asocia una secreción amarillenta y maloliente (que puede ser escasa) y sensación de taponamiento auditivo (debido a la inflamación de la piel del conducto, que puede incluso cerrarlo casi por completo). En esta situación el paciente deberá acudir rápidamente al médico, pues si no se trata adecuadamente la infección puede extenderse a toda la oreja, la cara e incluso el cuello. El tratamiento de la otitis externa consistirá en primer lugar en la aspiración de las secreciones del conducto (si no produce dolor) seguida de la aplicación de gotas de un antibiótico activo frente a Pseudomona, la bacteria más frecuentemente responsable de esta infección. El tratamiento con gotas debe prolongarse entre 7 y 10 días dependiendo de la severidad de la otitis. Los primeros días el paciente necesitará además analgésicos y antiinflamatorios que mitiguen el dolor. En ocasiones la inflamación del conducto es tal que impide la entrada de las gotas con antibiótico. En esos casos el otorrinolaringólogo introducirá en el conducto una especie de tapón hecho con un material poroso que se “hincha” al contacto con un medio líquido y que permitirá la instilación de las gotas y el contacto del antibiótico con todas las paredes del conducto auditivo hasta que disminuya la inflamación. Habitualmente no es necesario el uso de antibióticos por vía oral salvo en los casos más severos.

En conclusión, si quiere evitar las otitis este verano, olvídese de los bastoncillos para limpiar los oídos. Como higiene será suficiente si utiliza una gasa impregnada en agua oxigenada alrededor del conducto (nunca dentro del mismo).

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