lunes, 15 de junio de 2009

Las famosas "vegetaciones"

Utilizamos la palabra “vegetaciones” en el lenguaje popular para referirnos a las formaciones “carnosas” que crecen en el techo de la faringe, al fondo de las fosas nasales. El término médico utilizado para describir estas formaciones es Hipertrofia adenoidea, Adenoides o Adenoiditis.
Las vegetaciones alcanzan su mayor tamaño entre los 3 y los 6 años, coincidiendo con la maduración inmunológica del individuo y es a estas edades cuando el crecimiento excesivo de tejido en el techo de la faringe puede dar lugar a complicaciones que requieran tratamiento.
Por su localización pueden llegar a impedir una adecuada respiración nasal. El niño con vegetaciones grandes tiende a respirar con la boca abierta, babear y roncar por la noche, ronquido que se acompaña en los casos más severos de pausas respiratorias conocidas como “apneas”. Otro problema frecuente asociado con el aumento de tamaño de las vegetaciones es la otitis aguda de repetición y la otitis serosa o “moco en el oído”. Ello es debido a que las vegetaciones pueden obstruir en ocasiones la trompa de Eustaquio (una estructura que comunica la cavidad del oído y la faringe) impidiendo una adecuada ventilación del oído. Al localizarse al fondo de las fosas nasales pueden producir retención de moco en las mismas, favoreciendo e impidiendo la curación de enfermedades como la rinitis y sinusitis crónica. Finalmente, aunque de manera excepcional y en casos evolucionados (sobre todo cuando se asocian al aumento de tamaño de las anginas), la obstrucción nasal crónica y las apneas repetidas durante el sueño pueden dar lugar a hipertensión pulmonar y fallo cardiaco.
Aunque más raro, es posible el crecimiento de las vegetaciones en la edad adulta. Puede ocurrir en pacientes con una infección bacteriana crónica en las fosas nasales (sinusitis), en pacientes alérgicos y en enfermedades del sistema inmunológico como el Sida.
El diagnóstico de las vegetaciones se debe hacer en la consulta del otorrinolaringólogo, preferentemente por visualización directa de las mismas (mediante endoscopios de fibra óptica pediátricos). La radiografía puede ser útil (es el medio diagnóstico habitual en las consultas de pediatría), pero en ocasiones puede conducir a errores de apreciación.
La evolución del tratamiento en los últimos años ha dado un giro importante. Así, tradicionalmente, el aumento de tamaño de las vegetaciones conducía casi invariablemente al quirófano. Hoy en día hay estudios que demuestran que un porcentaje significativo de niños (hasta casi un 80%) puede evitar la cirugía con el uso de corticoides tópicos nasales durante un periodo variable de tiempo. Es habitual también la recomendación de hacer lavados nasales varias veces al día de forma crónica. En ocasiones, cuando las vegetaciones se asocian con sinusitis o rinitis crónica hay que añadir un antibiótico. Dicho tratamiento deberá ser pautado por un otorrinolaringólogo o pediatra que vigilará la evolución del proceso, ya que al menos un 20% de estos niños no se beneficiarán de dicho tratamiento y deberán pasar por el quirófano.
La cirugía de las vegetaciones no es muy agresiva y de hecho se realiza de manera ambulatoria en la mayoría de hospitales de nuestro país, aunque actualmente se prefiere la anestesia general a la local para minimizar el riesgo de aspiración de sangre a la traquea durante la intervención. La curación tras la adenoidectomía (así se denomina dicha intervención) es completa, siendo poco habitual que las vegetaciones crezcan de nuevo. Esto último ocurre más frecuentemente cuanto menor sea la edad a la que el niño se operó por primera vez.

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