domingo, 7 de junio de 2009

Vértigo, nociones básicas.

Una de las peores patologías esperadas por el otorrino en la consulta son los “mareos”, no porque sea una patología grave para el paciente, sino porque supone dedicarle mucho tiempo a preguntarle acerca de sus síntomas, circunstancias que los desencadenan, posibles enfermedades asociadas… además del trabajo propio de un otorrino,que en este caso debe ser aún más completo que en cualquier otra patología. En definitiva, que a los otorrinos nos da una “pereza” tremenda cuando alguien se sienta en frente de nosotros y nos dice “doctor, vengo porque me mareo”.
El tema de los mareos (vértigo a partir de ahora) daría como para escribir varios libros (de hecho existen tratados, con varios tomos, dedicados exclusivamente a esta patología), por lo que intentaré ser lo más breve posible, lo suficiente como para que alguien totalmente ajeno a la medicina consiga adquirir un conocimiento básico,y práctico, tras leer este artículo.
En primer lugar, y como concepto básico para iniciarnos en este mundo, debemos tener bien claro que el oído tiene dos funciones, no solamente la audición,sino también contribuir a mantener el equilibrio de una persona. De hecho, el equilibrio depende de varios sistemas del organismo además del oído, también de la vista (gracias a nuestros ojos) y del llamado sistema somatosensorial (conjunto de receptores situados en múltiples lugares de nuestra piel, articulaciones, columna vertebral… lo que depende principalmente del tacto). Cuando funcionan los tres sistemas no hay ningún problema, nos encontramos bien e incluso somos capaces de aprender nuevas “conductas” de equilibrio (cuando aprendemos a montar en bicicleta, esquiar,patinar, hacer surf, equitación…). Incluso cuando falla uno de los dos sistemas somos capaces de llevar una vida casi completamente normal, con algunas limitaciones, leves, pero aún en esta situación, con esfuerzo y la motivación adecuada, también seríamos capaces de desarrollar actividades más “elaboradas” como las que comenté previamente (ciclismo, esquiar…). El problema, y no leve precisamente, se produce cuando fallan dos de los tres sistemas. Aquí es cuando se produce el caos, que puede ser desde una moderada inestabilidad hasta un vértigo muy intenso que el paciente describe como “horroroso”, con síntomas tan variados como sensación de que todo le da vueltas, vómitos, palpitaciones, ruidos en los oídos, sensación de caerse… También, y además es lo más frecuente, se pueden producir multitud de situaciones intermedias entre las dos que acabo de describir, por lo que es muy habitual que, cuando alguien sufre un episodio de vértigo en la calle, la gente de alrededor no solamente no le ayudan, sino que además le recriminan (“qué vergüenza, borracho a estas horas del día…”, en fin, esas cosas).
Otro concepto que es importante dejar bien claro es que lo que he descrito en el párrafo anterior, a pesar de ser muy espectacular y tremendamente molesto para el paciente, únicamente sería grave si estas “crisis” sorprenden al paciente realizando alguna actividad que de por sí pudiera ser peligrosa, como conducir, hacer escalada, esquiar,patinar, algún tipo de trabajo manual de riesgo (carpintería, metalurgia…). Es decir,salvo que estos vértigos sean debidos a otras patologías graves (por ejemplo un tumor), que afortunadamente son poco frecuentes, no revisten ninguna gravedad para el paciente, y además por lo general suelen ser muy agradecidos al tratamiento.

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