martes, 24 de noviembre de 2009

Corticoides nasales

En esta ocasión vamos a alterar un poco el orden que tenemos previsto para ir publicando los artículos, pues una de las cuestiones que con más frecuencia nos plantean tanto los lectores de este blog como los pacientes en nuestras consultas es la posibilidad de efectos secundarios propios de los corticoides, tras su uso prolongado en forma de spray nasal. Por ello,vamos a dedicar el artículo de hoy a aclarar conceptos básicos acerca de los corticoides nasales.
Los corticoides (también llamados esteroides) son los antiinflamatorios más potentes de los que disponemos en la actualidad. Se trata de lo que la población no médica conoce como “cortisona”. Al tener un efecto muy general, antiinflamatorio, se usan en multitud de situaciones en las que se produce inflamación en cualquier sistema o aparato.
Por lo general, la gente tiene pánico a que le digan que “le van a dar cortisona”. Este “miedo a la cortisona”, en otorrinolaringología, está justificado en muy pocas ocasiones, pues la mayoría de las veces se trata de tratamientos de corta duración, si bien es cierto que a dosis elevadas, en los que no da tiempo a que se produzcan sus temidos efectos secundarios (obesidad, alteración del metabolismo de la glucosa, alteraciones gástricas, dermatológicas…). Suelen ser situaciones de riesgo vital para el paciente, de las que la más frecuente es cuando se produce inflamación a nivel laríngeo, en las cuerdas vocales, en cuyo caso hay que administrar dosis muy elevadas de corticoides pero durante periodos de tiempo cortos (pacientes con una reacción alérgica, un cuerpo extraño faringolaríngeo,…), hasta que se solucione la causa principal de esa inflamación.
Sin embargo, también hay patologías en las que es necesario administrar corticoides durante periodos de tiempo prolongados, de forma sistémica (oral, intramuscular, intravenosa) o tópica,de las que la más habitual en otorrinolaringología es la administración intranasal.
Los corticoides nasales constituyen posiblemente el tratamiento más frecuente pautado por un otorrino en su práctica diaria. En primer lugar, debe quedar muy claro que se trata de un tratamiento seguro cuyos efectos secundarios se manifiestan casi exclusivamente a nivel local, en la mucosa nasal (principalmente sequedad nasal), y cuando el tratamiento es especialmente prolongado (meses). La indicación más frecuente,con diferencia, es la rinitis alérgica, así como sus “complicaciones”: sinusitis, poliposis nasal, otitis serosa (acúmulo de mucosidad en el oído medio), faringitis (debida a la “caída” de secreciones por detrás de la nariz hacia la garganta), hiposmia (disminución del olfato)… Como antiinflamatorios que son, actúan disminuyendo esa inflamación y por tanto favoreciendo la ventilación de nariz y senos paranasales, así como el drenaje y la expulsión de secreciones a dicho nivel, no constituyendo en sí mismos un tratamiento curativo sino, debido a los efectos que acabo de comentar, ayudando a que actúen los fármacos específicos para cada patología en particular.
Como siempre en medicina, hay que tener en cuenta la particularidad de los tratamientos en los niños. Si leemos el prospecto de estos medicamentos veremos que nos comentan que no deben ser usados en niños menores de seis años de edad, así como la necesidad de hacer un seguimiento del crecimiento, pues sí que es cierto que pueden producir retraso en el desarrollo psicomotor. Sin embargo, los corticoides nasales se han mostrado efectivos para reducir el tamaño del tejido adenoideo (“vegetaciones”) y por tanto “aguantar” sin operar al crío hasta que dicho tejido disminuya de tamaño de forma espontánea a partir de los 7-8 años de edad, sin que se hayan objetivado alteraciones en el desarrollo de esos niños.
Por tanto, y como conclusión, los corticoides nasales son con toda probabilidad el tratamiento más frecuentemente pautado por los otorrinos en su práctica diaria. Constituyen un tratamiento seguro a pesar de las dosis elevadas que en ocasiones nos vemos obligados a administrar, siendo muy bajo el riesgo de efectos secundarios en las personas que no tienen otros problemas asociados.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El "zumbido" de oídos

Los ruidos que percibimos espontáneamente sin una fuente sonora evidente a nivel del oído o “dentro de la cabeza” y que definimos como “zumbidos” o “pitidos” se denominan ACÚFENOS. Se trata de una situación muy frecuente y que muchas veces no se consulta. De hecho se calcula que un 10% de la población en los países industrializados ha experimentado una sensación de sonido superior a cinco minutos; De ellos, entre un 1% y un 2% presentan un acufeno de grado moderado o grave que afecta a la vida ordinaria.
Distinguimos dos grandes grupos de acúfenos: Por una parte están los sonidos producidos por nuestro propio cuerpo, como el latido cardiaco, que pueden ser percibidos por un explorador. En este caso percibiremos un sonido sincrónico con el latido del corazón que aumenta su frecuencia al hacer ejercicio o con los esfuerzos. Otras veces podemos percibir un sonido similar al tecleo de una máquina de escribir que es debido a la contracción rítmica de determinados músculos del oído. Tanto en un caso como en el otro es necesaria la evaluación por un especialista en otorrinolaringología, ya que en la mayoría de los casos serán precisas pruebas radiológicas (habitualmente resonancia o angio-resonancia y Eco-Doppler) y analíticas para descartar problemas vasculares o del sistema nervioso central. Causas frecuentes de acufeno pulsátil son la anemia, el embarazo y el hipertiroidismo, situaciones todas ellas fácilmente diagnosticables mediante análisis sanguíneo.
El otro gran grupo de acúfenos son aquellos que se producen sin una fuente sonora evidente. La mayoría de ellos tienen relación con lesiones que se producen en las neuronas del oído interno (el caracol) aunque es en la vía que va del oído al cerebro donde se genera el ruido como reacción a dicha lesión. Un factor de riesgo importante es la exposición a ruido externo intenso. Otras posibles causas de lesión a nivel del oído interno son las otitis, la supuración crónica del oído, la cirugía previa de oído, infecciones por determinados virus (como el del Sarampión) o bacterias y muy frecuentemente la ingestión de determinados fármacos que son perjudiciales para el oído (los más frecuentes son el ácido acetilsalicilico y algunos diuréticos). El estrés puede ser el detonante de un acufeno sobre todo si ya existía una alteración previa del oído interno. Las alteraciones cervicales (artrosis y contracturas) y los traumatismos craneales pueden ser otra causa de acufeno. La pérdida de audición asociada a la vejez puede cursar con acúfenos y también determinadas enfermedades del oído interno como la otosclerosis o la enfermedad de Meniere. Una causa infrecuente pero que debe ser tenida en cuenta es el neurinoma del nervio acústico, un tumor benigno que se aloja en la base del cráneo.
En cualquier caso el diagnóstico debe ser realizado por un especialista en otorrinolaringología, siendo en algunos casos necesario la realización de un TAC (scanner) o resonancia para completar el estudio.
El tratamiento más eficaz es la prevención, evitando ambientes excesivamente ruidosos, el uso continuado de mp3, la protección auditiva en el trabajo, realizando un tratamiento precoz de las otitis, etc… . En cuanto a los fármacos disponibles para el tratamiento de los acúfenos los resultados de los distintos estudios son muy variables. Parece ser que los medicamentos que mejores resultados obtienen son los antidepresivos tricíclicos y algunas benzodiacepinas como el alprazolam. En ambos casos el fármaco debe ser prescrito por un médico que controlará los posibles efectos secundarios. La Terapia de re-entrenamiento (TRT) mediante generadores de ruido parece una buena solución para un determinado grupo de pacientes. En los pacientes con una pérdida auditiva importante por la edad resulta eficaz la adaptación de prótesis auditivas (audífonos) que incrementarán la percepción del sonido ambiental reduciendo la percepción del acufeno.
En la mayoría de los casos los “zumbidos” en los oídos son causados por patologías benignas (incluso el cerumen puede producir acúfenos) y terminan desapareciendo con o sin tratamiento. Es importante no obsesionarse con el ruido y acudir al médico lo antes posible para despejar nuestras dudas.