sábado, 14 de abril de 2012

Amígdalas y ronquidos

Un motivo de consulta muy frecuente por parte de padres de niños de entre uno y ocho años de edad es su preocupación por un tamaño anormalmente elevado de las amígdalas palatinas (“anginas”) de su hijo. De hecho, aunque hoy las indicaciones para extirpar las anginas (amigdalectomía) son muy específicas y son minoría los pacientes que terminan operándose, muchos padres los traen para que les operemos, únicamente porque “tienen las anginas grandes”.
Ya desde ahora hay que dejar claro que el tamaño de las anginas, de por sí, no es indicación de cirugía. Por tanto, si el paciente está completamente asintomático (es decir, no padece ningún otro tipo de patología, como infecciones, catarros, ronquidos persistentes con paradas repiratorias mientras duerme…), por muy grande que sean sus anginas no hay ninguna necesidad de intervenirle quirúrgicamente.
Si el niño sufre infecciones amigdalares (amigdalitis) de repetición, retraso en el desarrollo corporal, malnutrición…, además de roncopatía severa con paradas respiratorias (sleep-apnea), entonces sí que hay que valorar cada paciente en particular para ver si es candidato a cirugía. Para ello se deben realizar unos análisis de sangre (pruebas reumáticas) en los que mediremos unas proteínas cuyo valor aumenta ante situaciones de infecciones repetidas (amigdalares o de cualquier otra parte del organismo). Si estos valores están elevados, entonces hay riesgo de que el paciente desarrolle al cabo de 15-20 años infecciones en otras partes del cuerpo (corazón, riñones, columna vertebral), por lo que lo correcto en estos casos es intervenir al paciente.
Unicamente hay una situación en la que el paciente debe ser intervenido (amigdalectomía) sin que haya una historia previa de infecciones. Esta situación se produce cuando el paciente ronca por las noches y además hace largas paradas respiratorias. Por lo general, son los padres los que lo comentan al médico, sin necesidad de que éste lo pregunte, pues estas paradas respiratorias son muy llamativas y además el paciente suele presentar síntomas de mal descanso nocturno (somnolencia diurna, déficit de atención, bajo rendimiento escolar…). En esta situación sí que está indicado extirpar las amígdalas, para evitar posibles complicaciones  graves (paradas cardiacas, hipertensión pulmonar…), independientemente de que el paciente presente otros síntomas.
Por último, hay que señalar que siempre que nos planteemos extirpar las amígdalas también hay que valorar si además se deben extirpar las vegetaciones (adenoidectomía) en el mismo acto quirúrgico, pues no pocas veces suelen estar ambas aumentadas de tamaño, amígdalas y vegetaciones. Para ello hay que valorar otros síntomas y signos que de los que ya hemos hablado en el artículo titulado “Las famosas vegetaciones”.

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